En el marco del proyecto de conservación de ecosistemas naturales que promueve Natura Argentina junto a actores locales, se realizó un ciclo de conversatorios en el que se abordaron temas como el uso tradicional de plantas locales, la importancia del agua, la vulnerabilidad del sistema hídrico frente al cambio climático, la conservación de la fauna nativa, el turismo sostenible y las áreas protegidas. Los participantes resaltaron la necesidad de cooperación entre organizaciones, instituciones y la comunidad, para lograr una conservación efectiva.

 

El objetivo del ciclo fue construir estrategias de conservación que enriquezcan el patrimonio cultural y promuevan la participación ciudadana en la protección de las Sierras de Famatina y sus áreas circundantes. 

Conocer para cuidar, y encontrarse para fortalecer vínculos comunitarios e intercambiar saberes. Estos fueron algunos de los deseos y objetivos que impulsaron la realización de cuatro encuentros co-organizados por el equipo de Natura Argentina, junto a estudiantes y docentes de la Licenciatura en Producción Vegetal, Hidrogeología y Turismo Ecológico de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR) – Sede Regional Villa Unión (Departamento Coronel Felipe Varela); y del profesorado en geografía del Instituto Superior de Formación Docente (ISFD) “Profesor Víctor Mauricio Quintero” (Villa Castelli – Departamento General Lamadrid).

Experiencias de turismo sostenible, la importancia de la flora y fauna nativa, pero sobre todo el indiscutible valor del agua, guiaron este ciclo pensado como un espacio para conversar sobre los valores de conservación de las Sierras de Famatina. El conocimiento científico y los saberes tradicionales, se complementaron para aportar a la construcción de una mirada integral del territorio.

Fusión del Río Aguas Negras y el Río Oro. Las Sierras de Famatina son necesarias para la regulación y la disponibilidad del agua en cantidad y calidad en la región.

 

Un viaje a través de la flora en las Sierras de Famatina

Con aroma a jarilla, molle y algarrobo inició el primer encuentro, que convocó a Jorge “Chinano” Molina, Belén Bordón, Ricardo Zapata, Marisol Ortiz y Humberto Cerezo, quienes dieron el puntapié inicial en la charla sobre la flora de las Sierras y sus usos tradicionales. 

Chinano, artesano textil y educador de Villa Castelli, cuyos conocimientos provienen de una larga tradición familiar, explicó el uso de plantas locales en la tintura de hilados y resaltó la importancia del agua como fuente de vida para los dos valles: “Nos permite cultivar y esas plantas sirven para teñir (…) Uno tiene que tomar de la naturaleza lo que necesita para subsistir, no con codicia y avaricia, porque así uno destruye la tierra”. 

 

Con jarilla, tintitaco, molle, jume, algarrobo, cachiyuyo y atamisqui, Jorge tiñe las lanas de manera artesanal, preservando las enseñanzas de su madre.

 

 

Otra invitada, Belén (profesora de geografía) focalizó su intervención en el uso medicinal de la flora, a lo que se sumó Ricardo (ingeniero agrónomo) que hizo hincapié en la importancia de generar conocimiento sobre la diversidad de la flora de las Sierras y de sus propiedades para poder darle valor y aprender sobre sus posibles usos y los aportes que hace a la calidad de vida de las comunidades. Ricardo también resaltó la importancia de conservar los recursos, especialmente el agua, que es esencial para las personas, plantas y animales.  

Por su parte, Marisol, técnica de producción vegetal, presentó los resultados de su investigación sobre las  formas de germinación de las semillas de algarrobo, y llamó la atención sobre la necesidad de preservación de los bosques de la zona. 

Para finalizar, Don Cerezo, poblador de Villa Unión y dueño de “La Yuyería”, un local de venta de yuyos serranos, remarcó la importancia de recolectar las especies de forma responsable, teniendo en cuenta las zonas, la época y la forma en la que se lleva adelante la actividad, manteniendo vivo el conocimiento ancestral.

Vecinos y vecinas, estudiantes, docentes y autoridades de la UNLaR sede Villa Unión, que dieron inicio al ciclo de conversatorios.

 

El agua en la montaña: reflexiones desde la hidrogeología, la gestión hídrica y la práctica comunitaria

En una tarde primaveral de octubre, la sede de la UNLaR en Villa Unión fue el lugar de encuentro para continuar intercambiando saberes sobre conservación.

Esta vez, Esteban Miguel, Violeta Tejada y César Vega reflexionaron sobre el valor del agua en la montaña.  La Licenciada en Hidrogeología Violeta, se refirió a los bienes y servicios ecosistémicos asociados al sistema hídrico de las sierras, destacando su vulnerabilidad ante el contexto de cambio climático que afecta la vida de la flora y fauna de la región, produciendo el retroceso de glaciares, y pudiendo causar fenómenos climáticos más extremos. 

“Conservar la Sierra de Famatina es importante para las comunidades de los valles adyacentes, ya que actúa como una fábrica natural que almacena y regula el agua para la región. Los glaciares presentes en las alturas de la montaña desempeñan un proceso significativo al almacenar y distribuir gradualmente a través de ríos, vertientes, vegas y agua subterránea, abasteciendo así a las poblaciones locales para su consumo y bienestar general”, detalló la Licenciada Tejada.

Para entender esta idea se puede pensar que las Sierras funcionan como el tanque de agua de una casa, que se recarga a través de las precipitaciones, permitiendo la disponibilidad y distribución de agua.

 

 

A continuación, Esteban Miguel, doctor en Ciencias Exactas y técnico especializado en gestión hídrica, habló sobre el ciclo hidrológico, explicando cómo funciona a nivel global pero también a escala regional en las Sierras de Famatina. Para finalizar, el presidente del Consorcio de Agua del Departamento General Felipe Varela, Don Vega, explicó cómo nació el Consorcio. Se formó en 1998, impulsado por productores de la zona con la necesidad de establecer una distribución equitativa del agua para sus cultivos. Aportó datos sobre su utilización, que tiene como prioridad el consumo humano, la producción agrícola/ ganadera,  y se nutre en mayor parte del agua proveniente de las sierras.

Diálogo sobre la convivencia entre fauna nativa y comunidades en las Sierras: Desafíos y propuestas para la conservación

El tercer encuentro del ciclo convocó a Franco Barrera, María Laura Steffolani, Alejandro Agüero y Juan Martín Tello, para dialogar sobre la importancia de la fauna nativa y su convivencia con las comunidades. 

El guanaco es una especie protegida en La Rioja (Ley 7695/04), permitiendo su uso racional y prohibiendo de forma absoluta la caza.

 

 

 

 

El intercambio giró en torno a los desafíos para la conservación de las especies, y la importancia de las sierras en el desarrollo del turismo. También se compartieron propuestas para mitigar los efectos del cambio climático, siendo la cooperación articulada entre organizaciones, instituciones y comunidad la acción destacada.   

Partiendo de la premisa de que para conservar hay que conocer, la bióloga Laura Steffolani compartió información general sobre la fauna en las sierras, invitando al público a  diferenciar entre las especies nativas y endémicas; reflexionando sobre el rol que cumplen en los ecosistemas y cómo su presencia influye en la calidad de vida de las comunidades humanas que habitan esta región.  

Por su parte, el biólogo Alejandro Aguero se explayó sobre la importancia de los ecosistemas de montaña en la provisión de agua para las comunidades locales y la fauna, refiriéndose a dos especies en particular: la taruca y el guanaco. Para finalizar aportó una mirada amplia de la situación explicando que no se trata de conservar una especie, sino de entender que es un sistema que debe sobrevivir, en el que los seres humanos son un elemento más.

Alejandro Aguero es docente investigador dentro del campo de las ciencias biológicas, especializado en ecología y manejo de fauna silvestre con relación a cambio de usos de la tierra y desarrollo territorial.

Juan Martin Tello compartió sus vivencias como pastor de ganado, dando un lugar especial a la conexión que se crea con el entorno, la cual permite desarrollar saberes más profundos sobre las plantas medicinales, los animales y sus ciclos.  Remarcó que las personas son parte viva de las sierras y un factor clave en la conservación.

Martín Tello es técnico agropecuario, su labor en las Sierras se enfoca en la cría y el manejo de ovejas, tarea en la que aplica conocimientos adquiridos por su formación y usanza de vivir en la región, cuidando la fauna y flora local.

 

El turismo, una herramienta importante para la participación ciudadana en la conservación

Más de 200 personas participaron de este ciclo, aportando sus conocimientos y experiencias para contribuir a la conservación de las Sierras de Famatina.

Para finalizar este ciclo la temática elegida fue “Turismo sostenible y áreas protegidas”. Contó con la presencia de la bióloga Cristina Casavecchia, los licenciados en turismo Fabián Páez  y Santiago Croci. Las reflexiones giraron en torno a la participación ciudadana y la promoción de procesos de buena gobernanza en la creación de áreas protegidas; el rol de la gestión pública en las políticas turísticas, especialmente en lo relacionado a la actualización y cumplimiento del marco legal; y la importancia del turismo sostenible en la socialización de herramientas y acciones para crear conciencia y estimular la participación de la ciudadanía en la conservación de las Sierras y sus áreas de influencia. 

Quienes formamos parte del equipo de Natura Argentina, trabajamos para construir estrategias efectivas de conservación, que contribuyan al enriquecimiento del patrimonio cultural, desarrollen acciones de incidencia política dialogadas, consensuadas, colaborativas y con impacto a largo plazo. Es por eso que apostamos a estos espacios de intercambio de saberes, donde se comparte información amplia y diversa a toda la comunidad.  ¡Hasta el próximo encuentro!

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Fuente: Gerardo Cerón

Prensa

Lucila Castro: “Sueño ver una perfecta armonía con la Naturaleza”

La joven de 33 años es bióloga y tras mudarse de pequeña a Miramar, se enamoró de la Laguna Mar Chiquita y su objetivo siempre fue la preservación de la flora y fauna del lugar. A punto de convertirse en Parque Nacional, ella es la guardiana de Ansenuza.


Proyectan crear en Uspallata el primer Parque Nacional de Mendoza

La Administración de Parques Nacionales está evaluando seriamente la posibilidad de elevar, en un futuro mediato, la categoría del paraje andino y transformarlo en una reserva nacional, basado en sus valores geológicos e hidrológicos, faunísticos, florístico y su gran valor cultural.


Presentan proyecto para la creación de Sierras de Ambato Nacional en Catamarca

Este artículo fue realizado por periodistas profesionales y cuenta con un autor responsable. Agradecemos su interés en compartirlo, pero le solicitamos que lo hagas desde el link original: https://www.elesquiu.com/politica/2023/9/5/presentan-proyecto-para-la-creacion-desierras-de-ambatonacional-en-catamarca-487911.html
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La memoria y la identidad se construyen haciendo un doble ejercicio: mirar hacia atrás y hacer permanecer. Invitamos a descubrir las Sierras de Ambato: para percibir e integrar esa historia que está ahí, al alcance de todas las personas, y que forma parte de nuestra vida.  Co-crear áreas protegidas, como una manera de mantener vivo ese legado cultural, honrar los orígenes, las formas de vida y producciones actuales, junto a la conservación de los bienes naturales.

 

“Paisajes de Catamarca 

con mil distintos tonos de verde 

Un pueblito aquí, otro más allá. 

Y un camino largo que baja y se pierde.”

Rodolfo Polo Giménez

 

Esta canción -más conocida por la interpretación de Los Chalchaleros- describe la cuesta del portezuelo, sus costumbres, y un poco de la idiosincrasia catamarqueña. Suele ser lo primero que describen quienes ven Catamarca por primera vez:  los mil tonos de verde, y sus caminitos, hacen de este lugar un sitio maravilloso.

Las Sierras de Ambato se erigen en la región central de la provincia, como una columna vertebral rodeada de vida a su paso. Los matices naturales son tan diversos que parecieran muchas regiones en una: Yunga con verdes intensos, un Bosque chaqueño pintado de quebrachos y algarrobos, la Prepuna y esos cardonales antiguos que parecieran tener memoria. Montes de Sierras y Bolsones: estepas arbustivas que caen silenciosas por los valles. Los Altos Andes, ecorregión que nos conecta, mediante la vértebralidad de la cordillera a esta parte sur del mundo, con el resto de América Latina. Un crisol de ecorregiones.

Pero no solo se trata del verde y la naturaleza exhuberante: en cada uno de los rincones de las Sierras de Ambato hay historias, leyendas, formas de vida que componen un vasto patrimonio cultural.

Un reconocido antropólogo, Llorens Prats, definió al patrimonio cultural como un conjunto de bienes tangibles e intangibles, que se hallan en una cultura o en un pueblo. Desde esta perspectiva, sabemos que es posible encontrar registros, voces, costumbres y narrativas que describen el paisaje. 

El patrimonio se constituye entonces no solo como aquello que se percibe desde el entorno natural, sino también eso que sentimos o percibimos cuando contemplamos lo que nos rodea. La idea de patrimonio también es dinámica, ya que no es algo que comienza y termina, sino que se puede transmitir de generación en generación, se recrea constantemente.

Según este mismo autor, el patrimonio cultural intangible se ha revalorizado no sólo como fuente de diversidad, identidad, creatividad de los pueblos y como práctica y conocimiento de quienes lo portan, sino también como una construcción social.

Es en este mismo sentido que las áreas protegidas son una oportunidad para la permanencia del patrimonio cultural y natural de este pedacito de la Argentina.

 

Pedacitos de memorias. Instalaciones de la finca Mischango. Familia Losso.

 

La riqueza patrimonial de este pedazo de Catamarca está a la vista, acompaña el paisaje y a su gente en cada uno de los lugares en donde este cordón montañoso alberga un pueblito aquí y otro más allá.

 

El Manchao: el hechicero del alto guarda nuestra memoria

 

Se cree que la palabra “Ambato” proviene del dialecto kakan –la lengua de las comunidades Diaguitas que habitaron esta zona y del quechua “An-Huatu”, que significa “hechicero del alto. “Manchao”, se compone de la raíz “manch”: miedo, y “ao”: lugar. Es decir, el cerro Manchao: el punto más alto del cordón montañoso, el lugar del miedo. 

 

El Cerro El Manchao, de 4550 msnm, el más alto de de la cadena montañosa del Ambato, en la provincia de Catamarca. Su nombre significa “lugar de miedo“.

Hay quien dice que a los cerros se les pide permiso para escalarlos, para transitar sus senderos, ofrecer una plegaria, dejar una apacheta, mostrar respeto. El Manchao convoca a un misticismo particular. Tiene una impronta imponente, de laderas abruptas y rocas prominentes, y su cima, de 4.552 metros de altitud sobre el nivel del mar, está a veces teñida de blanco por las nevadas. 

Hay en esta imponencia múltiples historias que se tejen en la memoria de los pueblos. El diálogo de saberes y la sacralidad de la naturaleza en torno a lo que se percibe del lugar, cobra vida en imágenes y testimonios de los habitantes de estas tierras.

Estas historias permanecen, se reinventan y están ahí otorgándole sentido a lo que vemos.

 

Una vieja bodega a los pies del Manchao. Historia de una producción vitivinícola de las personas que llegaron a estas tierras.

 

Una canción que seguirá siendo cantada

 

Considerar el patrimonio cultural, apreciarlo en forma de canción, poema, leyenda o relato nos  conecta con lugares y personas. En este sentido, las áreas protegidas deben contemplar estas expresiones para que puedan perdurar no solo los bienes naturales y sus maravillas, sino también las identidades de las comunidades que viven allí.

Andando por esos caminos “que bajan y se pierden”, tal vez logremos percibir e integrar esa historia que está ahí, al alcance de todas las personas, y que forma parte de nuestro patrimonio. Es que la memoria y la identidad se construyen haciendo ese doble ejercicio, mirar hacia atrás y hacer permanecer. La conservación implica todo esto. 

Recuperar saberes sobre los valores de conservación: que incluyen la fauna, flora y cursos y cuencas de agua pura del lugar, sus habitantes, prácticas y costumbres. Y tener presentes las amenazas, entendido como todo aquello que van en detrimento de estos valores: como por ejemplo, prácticas extractivas como la minería a cielo abierto, que sabemos existen en este  territorio. 

Co-crear áreas protegidas, es una manera de mantener vivo ese legado cultural, honrar los orígenes, formas de vida y producciones actuales junto a la conservación de los bienes naturales.

 

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Acompañanos en nuestra aventura de descubrir y registrar especies, para conocer y re-conocer esos paisajes tan diversos e increíbles de Córdoba.

El tapetí (Sylvilagus brasiliensis), un pariente cercano del conejo, es muy difícil de ver.  Una esperanza de que este y otros mamíferos pueden sobrevivir en una región caracterizada por la fragmentación del hábitat y la rápida deforestación.

 

Esa mañana de marzo, el equipo del Proyecto Ansenuza de Natura Argentina estaba listo a las 7:08 am para salir. Cintos de seguridad ok, mochilas ok, elementos de acampe ok, y por supuesto, nuestro fiel compañero: el equipo de mate.

El norte cordobés, coronado por zigzagueantes quebrachales, nos escoltaba por el camino de tierra para darnos una gran sorpresa que no esperábamos. Aunque un miembro del equipo ya había confesado tener un presentimiento.

Estábamos trabajando en una investigación y relevamiento de mamíferos, en diferentes puntos alrededor del Parque Nacional y Reserva Nacional Ansenuza, como también en la Reserva de Usos Múltiples de la provincia de Córdoba.

Recorriendo el bosque chaqueño cordobés con nuestro fiel compañero: el equipo de mate.

El objetivo de este viaje era retirar un grupo de cámaras trampas que habían sido colocadas allí el año anterior, para descubrir qué tipo de fauna protege nuestro hermoso bosque chaqueño cordobés. Estas cámaras son uno de los mejores dispositivos para estudiar mamíferos. Al captar movimiento frente a ellas, emiten un imperceptible pestañeo y ¡voilà!, en una pequeña tarjeta de memoria, queda guardado ese instante en una imagen digital. Estos dispositivos son super útiles e interesantes para quienes hacemos relevamientos de especies en los diferentes ambientes naturales que estudiamos, ya que pueden camuflarse y además, son menos invasivos en relación con otros métodos.

Las cámaras trampa son dispositivos útiles para relevar especies, ya que pueden camuflarse en diferentes ambientes y son un método poco invasivo.

Se terminaba un día de mucho calor y, aunque contábamos con un GPS que nos facilitaba ubicar el punto exacto donde estaba cada cámara, atravesar los arbustales y pastizales -con la particular característica que tiene el Bosque Chaqueño- nos tomó su tiempo y más de un rasguño.

Atardecer en el gran humedal de la laguna Mar Chiquita y bañados del Río Dulce.

El sol empezó a atenuar su brillo, y los colores rojizos y azulados del cielo se empezaron a difuminar: el monte se cierra y su oscuridad se empieza a tragar los pasos que quedan por detrás, nuestras voces se empiezan a callar y los sonidos nocturnos toman protagonismo. Contemplar este momento único, donde todos somos parte de lo mismo, es uno de los instantes más gratificantes de este trabajo.  Después de recuperar las últimas cámaras, era momento de regresar a descansar.

 

Un encuentro inesperado

Una vez de regreso a nuestro lugar de acampe, estratégicamente elegido bajo un algarrobo anciano para que su amplia copa protegiera nuestras carpas del rocío y la fresca brisa nocturna, decidimos empezar a organizar nuestra cena y a pesar de estar algo cansados, no quisimos esperar. Nos ganó la ansiedad y con mate en mano, prendimos las computadoras y empezamos a hacer una exploración fugaz por las miles de fotos que se habían guardado. Sabíamos que cuando regresáramos a la oficina esta labor sería más exhaustiva, precisa, y tomaría semanas (¡incluso meses!). 

Fue cuestión de minutos hasta empezar a mencionar el nombre de las especies que iban apareciendo.

¡Un zorro gris!, ¡mirá, la corzuela, qué lindos cuernos!, ¡un zorrino con su mamá!

Hasta ese momento todo era alegría y pasión por ver a los bichos libres y en su hábitat, simplemente siendo… Y, de repente… Una voz en tono afirmativo grita: ¡TAPETI!

Y seguidamente interroga, ¿Tapeti?… ¡Sí! Confirmó la voz del compañero a su lado, y todos corrimos a observar la foto que aparecía en la computadora. 

Ahí estaba este mamífero, cualquier inexperto lo habría confundido con un conejo común, pero nosotros éramos el Equipo Ansenuza, y sabíamos lo que ese registro significaba, era como un premio al esfuerzo del día, el equipo que no se podía ir a dormir sin descubrirlo.

Descubriendo al tapetí, una especie en peligro crítico.

 

Pero, ¿qué tiene de sorpresivo este registro? Volvamos unos años atrás…

Hasta el año 2017, este bonito conejo autóctono solo contaba con un registro documentado para la provincia de Córdoba, en el año 2000, aproximadamente. Una de las incógnitas era si seguía habitando los bosques cordobeses. Luego, con el uso de cámaras trampa en la región, se lograron dos nuevos registros para los años 2017 y 2018. Este grandioso hallazgo confirmaba que aún está habitando la zona y que, indudablemente, forma parte del grupo de los mamíferos cordobeses.

No alcanzamos a celebrar demasiado esa noche. Fue tan grande la emoción por confirmar su presencia que el equipo salió de nuevo a campo.

¡Sí, así como leen! Nos calzamos botas, polainas, campera y linterna en la frente, para nuevamente adentrarnos al oscuro monte cordobés, rumbo a la posición estricta donde había estado la cámara que había fotografiado al Tapeti. Para nuestra sorpresa, y como quien espera a un amigo con novedades en su casa, allí estaba el ejemplar de TAPETI.

¡Fa! ¡Qué suerte tuvimos!.

El tapetí es de hábitos nocturnos. Mide hasta 40 centímetros, y vive en ambientes de bosque y selva del norte del país.

 

Nuestras caras no reflejaban otra emoción más que la de sorpresa, ¿nos habrá estado esperando? Nunca lo sabremos, pero sí fue un excelente momento para volver a fotografiarlo, esta vez en vivo y en directo y no solo con nuestras cámaras digitales sino con nuestras propias pupilas. Una noche inolvidable para todo el equipo.

 

El tapetí, de hábitos nocturnos

El Tapetí, cuyo nombre científico es Sylvilagus brasiliensis, es un pequeño mamífero que mide de 26 a 40 centímetros de largo, con una cola de 1 a 3,5 centímetros. Tiene orejas y patas más cortas en relación con la liebre, una especie introducida similar. Pesan de 0,7 a 1,3 kg y tienen cabeza redondeada, ojos grandes y oscuros, y pelaje corto y denso de color pardo grisáceo jaspeado de negro. Detrás de los ojos, presentan una manchita clara, mientras que la garganta, el vientre y el interior de las patas son blancos.

Hasta ahora, solo se conocían observaciones eventuales del tapetí en Córdoba. Fotografía: Francisco Rebollo Paz.

Este fascinante animal vive en ambientes de bosques, selvas y montes chaqueños del norte del país. Es de hábitos solitarios y de actividad nocturna, y se mueve caminando o mediante saltitos por el suelo del bosque. Durante el día es difícil verlo, ya que duerme en huecos de troncos caídos y, cuando es sorprendido, permanece inmóvil y escondido en la vegetación debido a su carácter tímido. Su alimentación se basa en tallos, hojas y raíces.

 

En peligro crítico

El descubrimiento de esta especie en el humedal de Ansenuza nos alerta sobre la importancia de contar con parches de bosques en buen estado de conservación, conectados íntegramente, que permitan la continuidad de sus poblaciones, al igual que sucede con muchas otras especies de mamíferos.

Es importante mencionar que la clasificación taxonómica de esta especie es un enigma para muchos investigadores. Se está estudiando si el Tapetí no será, en realidad, un complejo de más especies, similares y muy emparentadas entre sí. Además, hay escasos conocimientos sobre sus hábitos y comportamiento, lo que hace de su estudio un desafío apasionante para los científicos.

En cuanto a su conservación, a nivel nacional no está considerada amenazada (Res. 316/2021). Sin embargo, en la provincia de Córdoba, el Tapetí se encuentra en peligro crítico según la última categorización del estado de conservación de los mamíferos (Res. 334/2019 de la Secretaría de Ambiente). Esto se debe a las amenazas que enfrenta, como la pérdida de hábitat, la depredación por perros, el atropellamiento en rutas, la caza directa ilegal y el impacto de las especies exóticas invasoras, como la liebre, con la que compite.

“El equipo de Natura Argentina se siente orgulloso y emocionado por este descubrimiento. Nuestro trabajo de investigación y relevamiento de mamíferos nos ha permitido conocer y valorar la riqueza natural de la región, y cada hallazgo nos motiva a seguir trabajando en la conservación de estas especies y sus hábitats”.

El descubrimiento de nuevos lugares donde habita esta especie en el humedal de Ansenuza es un hito importante para la conservación y el conocimiento de la biodiversidad en la región. El trabajo realizado por el equipo del Proyecto Ansenuza de Natura Argentina, en colaboración con la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente de Córdoba, ha permitido obtener valiosa información sobre la presencia y distribución del Tapetí en el área.

La utilización de cámaras trampa ha sido fundamental para el estudio de esta especie y de otros mamíferos en los diferentes ambientes naturales. Estos dispositivos son menos invasivos y permiten captar imágenes de los animales en su hábitat, brindando datos precisos sobre su comportamiento y movimientos. Gracias a las cámaras trampa, se ha podido documentar la presencia del Tapetí en varias ocasiones, lo que confirma su persistencia en los bosques cordobeses.

Este descubrimiento no solo representa un logro científico, sino también una llamada de atención sobre la importancia de conservar y proteger los bosques y humedales de la región. El Tapetí es solo una de las muchas especies que dependen de estos ecosistemas para su supervivencia. Su presencia nos recuerda la necesidad de mantener los hábitats naturales y garantizar la conectividad entre ellos, para asegurar la continuidad de las poblaciones de mamíferos y preservar la diversidad biológica de la provincia.

 

Nos reunimos con diferentes actores involucrados en conservación y comenzamos a pensar en una agenda común para trabajar en: el cumplimiento de las metas ambientales internacionales, y la sostenibilidad económica de las áreas protegidas de Argentina. El aporte de Natura Argentina para lograr que los mecanismos de financiación aseguren la participación de las personas en los procesos de creación de nuevas áreas protegidas.

 

Por Redacción Natura

En un significativo evento, logramos reunirnos con referentes políticos de diferentes partidos y organizaciones de la sociedad civil, congregados para dialogar sobre las propuestas y desafíos que enfrenta Argentina en su camino hacia la meta 30×30. Este encuentro tuvo como gran objetivo analizar el estado actual de nuestras áreas protegidas y diseñar una estrategia sólida hacia el futuro. 

Participaron representantes de gobierno del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, de la Administración de Parques Nacionales y representantes del cuerpo legislativo del Congreso de la Nación.

Fue una jornada de participación y trabajo. Pudimos conversar con representantes de gobierno del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, de la Administración de Parques Nacionales y la Fundación Parques Nacionales, representantes del cuerpo legislativo del Congreso de la Nación, otras organizaciones filantrópicas del mundo, y representantes de ONG argentinas que trabajamos por la conservación del patrimonio natural y cultural del país. Los grandes desafíos planteados fueron, por un lado, el camino para lograr detener e invertir la pérdida de diversidad biológica, pero también para pensar mecanismos de financiación para la sostenibilidad de las áreas protegidas existentes, en todos los niveles de gestión. 

 

El desafío de la sostenibilidad financiera de las áreas protegidas

La agenda del evento, realizado en el mes de junio en la Embajada Argentina de los Estados Unidos, tuvo como grandes ejes, por un lado, las metas ambientales internacionales a las que Argentina se comprometió en la COP 15 del Convenio de Diversidad Biológica, y por otro, posibles mecanismos de financiación para el sistema de áreas protegidas del país, para poder lograr esas metas. Debemos tener presente que los fondos destinados a la conservación de la naturaleza son escasos para los objetivos planteados, y en el contexto socioeconómico del país, el financiamiento externo es clave.

En relación con eso, se conversó sobre el Plan de financiamiento para la permanencia, una herramienta que tiene como objetivo último garantizar la sostenibilidad financiera a largo plazo para la conservación.  Desarrollar un plan de conservación integral y un modelo de sostenibilidad financiera de las áreas protegidas es sumamente importante para que existan más y mejores áreas protegidas.

“Natura Argentina se compromete a seguir trabajando para crear áreas protegidas en conjunto con las comunidades locales y con base técnica y científica adecuada, para proteger lugares amenazados y únicos de nuestro país”. Lucila Castro, directora ejecutiva de Natura Argentina (der).

 

“Revisar la estrategia argentina con la ayuda de organizaciones nacionales e internacionales que son especialistas en el ambiente, y en la misma mesa que diferentes actores políticos involucrados es exitoso para nuestro trabajo, porque pudimos pensar juntos necesidades y mecanismos útiles”, resumió Lucila Castro, directora ejecutiva de Natura Argentina

Algo destacable de estas formas de financiamiento es que se establece que para poder utilizar estos recursos es que debemos interpretar lo financiero junto con la conservación efectiva como un todo, y que diferentes actores, técnicos, sociales y políticos, debemos trabajar juntos y pensar en acuerdos para poder avanzar.

 

 

¿Qué implican algunos de los compromisos internacionales asumidos por Argentina?

 

Argentina tiene una larga historia en conservación y creación de áreas protegidas. Fue uno de los primeros países del mundo en crear parques nacionales; el compromiso en la conservación de la biodiversidad ha sido evidente en los últimos años, con un aumento en la superficie terrestre y marina protegida a nivel nacional. Sin embargo, se reconoce que es fundamental fortalecer la colaboración y encontrar soluciones conjuntas para superar los desafíos financieros y operativos que enfrentan las áreas protegidas de carácter provincial.

Para el año 2030, Argentina debería duplicar sus áreas protegidas, tanto en tierra como en el mar, según el acuerdo firmado en la COP 15 del Convenio de Diversidad Biológica.

En diciembre de 2022, la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas llegó a un nuevo acuerdo mundial sobre biodiversidad denominado Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica. El convenio representa un hito significativo en los esfuerzos globales para abordar las crecientes tasas de pérdida de biodiversidad, e incluyó la adopción de un marco de monitoreo y mecanismos para la planificación, el reporte y la revisión.

En ese acuerdo se establece que los países, incluido Argentina, deben aumentar la superficie de las áreas protegidas hasta el 2030 y mejorar la calidad de la gestión de las mismas.

De izquierda a derecha: la Diputada Nacional Graciela Camaño, el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Juan Cabandié, el embajador argentino en Estados Unidos Jorge Arguello, y la Senadora Nacional Gladys Gonzalez.

 

Dentro de este marco, encontramos la meta 3, la cual busca proteger al menos el 30% de las tierras y océanos a nivel global para el año 2030. El acuerdo incluye compromisos para que se respeten plenamente los derechos indígenas y de las comunidades locales en estos procesos.

La ciencia nos dice que alcanzar la protección global del 30% de las áreas terrestres y marinas es fundamental para frenar la acelerada pérdida de biodiversidad, almacenar carbono, prevenir futuras pandemias y fortalecer el crecimiento económico. 

 

Este evento representó un paso importante en la búsqueda de una estrategia sólida y sostenible para la protección de la biodiversidad en Argentina. La cooperación entre referentes políticos, organizaciones locales e internacionales, y organizaciones filantrópicas de los Estados Unidos, marca un hito en el camino hacia la meta 30×30 y la visión compartida de conservar la naturaleza y la cultura locales, con la participación de las personas involucradas.

Tradicionalmente, se divide el patrimonio en natural y cultural. Se trata de un ejercicio intelectual que busca clasificar bienes, espacios, especies… solo a los fines de simplificar su comprensión, como lo hace la taxonomía con la zoología o la botánica. Pero si esa clasificación condiciona nuestra percepción, al punto de observar la naturaleza, por un lado, y la cultura, por otro, estamos ante un problema.

 

La realidad es que cuando recorremos un paisaje (urbano o natural) es fácil comprobar que las especies silvestres (al igual que el suelo, el agua y el aire) están presentes. Incluso, en el ámbito más antrópico. Del mismo modo, cuando caminamos por un ecosistema silvestre están presentes los aspectos culturales. A veces, de modo invisible, como los topónimos, los mitos, las leyendas, las canciones, la historia, los nombres populares de los animales, los usos medicinales de las plantas… En otras ocasiones su presencia es obvia si hay senderos, caminos y otras estructuras humanas. 

 

Sin embargo, la disociación de “lo natural” con “lo cultural” suele reforzarse con la comunicación brindada en los lugares emblemáticos de uno y otro lado. Por ejemplo, en las áreas naturales protegidas los folletos y carteles muestran su flora o su fauna, pero rara vez sus componentes culturales (históricos, antropológicos, arqueológicos y folklóricos). Algo equivalente ocurre cuando visitamos un museo histórico, arqueológico o de arte: todo muy lindo, pero la naturaleza no aparece, como si fuera una metáfora de la mirada de un tuerto. Pero si tenemos la posibilidad de ver con los dos ojos, el campo visual se ampliará para revelar un panorama integrador.

 

En esos ámbitos aparece el patrimonio. Es decir, el legado integral (natural y cultural) de las generaciones que nos antecedieron. Ellas seleccionaron objetos, sitios, personajes, especies y hechos con los que se identificaron en su tiempo. Nosotros no solo los recibimos: los resignificamos, los ratificamos, los descartamos o los renovamos. Por lo tanto, el patrimonio es una construcción social, basada en la valoración, el sentir y el conocimiento del presente. Por eso, distintas sociedades se identifican con un inventario patrimonial que varía con el tiempo, aunque siempre, con un mismo fin: hilarlos para entramar un relato sobre su identidad.

“La vivienda más eficiente es la que menos energía demanda, no solo aquella que la genera a través de energías renovables”, nos dice Fabián Garreta, invitado de este mes al blog de Natura Argentina. Algunos consejos para aprovechar mejor el clima y la energía de nuestras casas.

Por Fabián Garreta

 

Hubo una época en que las necesidades de confort eran satisfechas directamente con las resoluciones arquitectónicas. Lo que no podía ser resuelto con la construcción se mitigaba con la vestimenta. Si tampoco alcanzaba, se toleraba un rango de confort más amplio. Desde mediados del siglo pasado, y en el marco de una suerte de “mundo de energía barata y abundante”, la arquitectura se divorció de la interacción con el entorno y comenzaron a multiplicarse los sistemas de calefacción y refrigeración que hoy conocemos.

Actualmente, y más allá del monto final que se paga en la factura de electricidad, gas o agua de red, el costo de la energía ha ido creciendo a causa del constante aumento de la demanda (crecimiento de la población mundial y mayor consumo) y la búsqueda de soluciones ambientalmente más sustentables.

La construcción y el uso de edificios es responsable de aproximadamente la tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. El mayor consumo energético se encuentra en la climatización: refrigeración y calefacción de espacios habitables.

Vivienda en Roatan-Honduras. Gentileza del autor.

 

En Argentina, ese porcentaje se repite, aun contando con la distribución demográfica muy favorecida con el clima. Podríamos decir que la calidad constructiva en el país es deficiente, ya que la envolvente edilicia es incapaz de aprovechar las condiciones ambientales favorables (ganancia solar en invierno y ventilación en días cálidos) y evitar las perjudiciales (aislación térmica, uso de aleros y parasoles).

La necesidad de lograr confort, para descansar, trabajar o estudiar, es beneficioso para la salud y para mejorar nuestra calidad de vida. En la actualidad está ampliamente establecido que las mejores condiciones se logran con temperaturas entre 18 y 26°C. Si la arquitectura logra una muy buena interacción con el clima, y se alcanzan esos valores de temperatura en el interior del edificio, la demanda de energía para mejorar su habitabilidad baja significativamente.

CAMINO A LA VIVIENDA SUSTENTABLE

Muchas variables involucran a una vivienda para ser sustentable. Desde los aspectos más básicos relacionados con la arquitectura y su modo de vivirla, hasta el recupero de aguas, el diseño del paisaje, la incorporación de equipamiento eficiente o la implementación de energías renovables.

Vivienda en Roatan-Honduras- Gentileza del autor.

Sostener o mejorar el nivel de confort bajando el consumo energético es el gran desafío. El factor más importante a la hora de lograr una vivienda eficiente es reducir el intercambio de calor entre el interior y el exterior, dado que más del 60% de la energía consumida en vivienda se destina al acondicionamiento térmico (frío y calor). La vivienda más eficiente es la que menos energía demanda, no solo aquella que la genera a través de energías renovables. 

Aquí, algunos consejos, o criterios bioclimáticos de diseño a tener en cuenta:

  • Verificar y, de ser necesario, corregir el nivel de aislación térmica de muros, cubiertas y ventanas. Dependiendo el tipo de cubiertas o techos es más o menos sencillo adicionar aislación térmica, existen soluciones que se apoyan directamente sobre cubiertas planas y reducen a menos de 1/3 las pérdidas de calor.

 

  • Trabajar sobre los muros suele ser más complejo, pero podemos utilizar revoques térmicos, placas de aislación o revestimientos que permitan incorporar mayor control del flujo térmico entre el muro existente y la nueva terminación. 

 

  • Las aberturas son los elementos térmicamente más permeables. Pueden reemplazarse por nuevas con tecnología de doble vidriado hermético (DVH) y perfiles con menor conductividad e infiltración. Si el presupuesto es más ajustado, se pueden aplicar burletes a todas las aberturas, disminuyendo el ingreso y egreso de aire.

 

  • Materiales amigables con el ambiente: seleccionar materiales con certificación de sustentabilidad, como el Floor-score o FSC en maderas. Buscar aquellos que cuenten con contenido reciclado y los que se produzcan cerca del lugar de la obra para disminuir el impacto del transporte. Hoy en día, gracias a la demanda de los consumidores, la mayor parte de las grandes empresas muestran esas cualidades en las hojas técnicas de sus productos. En cuanto a los electrodomésticos, seleccionar aquellos con eficiencia A o superior y buscar equipos robustos que requieran menor recambio.

EL FUTURO DE NUESTRAS CASAS

Existe una creciente e insatisfecha demanda de vivienda en Argentina que podría abordarse desde el diseño bioclimático y la eficiencia. El diseño bioclimático no debe ser asociado a la construcción con materiales rudimentarios (barro, paja, desechos industriales). Por el contrario, las decisiones proyectuales y tecnológicas deben responder al clima y asegurar estabilidad en el tiempo con mínimo mantenimiento y uso de energía.

La implementación de la Ley de Generación Distribuida 27.424, en vigencia hace ya algunos años, puede ser un instrumento estratégico para descarbonizar la arquitectura existente y la futura. Su aplicación a escala depende de la voluntad de cada gobierno, pero ya es una herramienta disponible y de eficacia probada.

Hay empresas que comercializan materiales con certificaciones que aseguran un menor impacto en el uso de insumos y la producción de los mismos. Lamentablemente, el mercado de la construcción evoluciona muy lentamente de la mano de una economía inestable, lo que dificulta la creación de empresas con “espíritu verde”.

Se puede observar muchas veces un uso desmedido y engañoso del concepto de sustentabilidad con fines comerciales, así como también asociaciones no muy exitosas de uso de energía solar en edificios arquitectónicamente muy ineficientes. Por ejemplo, a veces, simplemente se coloca un equipo solar de agua caliente sanitaria o fotovoltaicos, y creemos que con eso logramos “ser sustentables”.

Certificacion-LEED-YPF-Nordelta. Gentileza del autor.

Pero desde hace varias décadas existen normativas y legislación, sobre todo en países centrales, que obligan a los profesionales a alcanzar ciertos valores mínimos de eficiencia energética en los proyectos. En algunos casos, estas exigencias redundan en mayor calidad constructiva y menor impacto en el medio ambiente, hasta cumplimentar normativas de excelencia arquitectónica, como lo pueden ser la Certificación LEED, Passivhaus, Breeam, EDGE u otras.

En Europa es común encontrar edificios que cuentan con un balance energético igual a cero. Es decir, durante un ciclo anual consumen lo mismo que generan. Y eso no es lo más avanzado, hay edificios que incluso tienen superávit energético: producen más de lo que consumen. 

En Argentina, ciudades como Rosario y Buenos Aires, tienen normativa orientada a realizar proyectos de arquitectura de menor demanda energética. Todas cuentan con el marco legal; sin embargo, su aplicación todavía no es efectiva.

El desafío del futuro está en la aplicación de criterios bioclimáticos de diseño: considerar orientaciones, uso de aislación térmica, ventilación natural, asoleamiento de espacios interiores en épocas frías y protección solar en verano, etc. Si a eso le sumamos la elección de sistemas e instalaciones eficientes, se reducirá fuertemente el uso de energía para los equipos de climatización. Con solo aprovechar el sol como fuente de calefacción en viviendas, en Argentina se estaría ahorrando algo más de un 10% de energía primaria.

 

Cuando se nombra la provincia de Santiago del Estero en lo que se suele pensar es en una chacarera, el calor agobiante, el bosque nativo con sus Quebrachos, e incluso algunas veces, en el famoso Río Dulce. Este río recorre la provincia de norte a sur y pocos conocen el secreto que esconden sus aguas al unirse con la laguna Mar Chiquita, en el extremo sur de la provincia.   

Es justamente en este sector donde el Río Dulce forma un increíble delta que, junto a la laguna, conforman un enorme humedal de un millón de hectáreas, el mayor humedal salino de Sudamérica. Lo que más se destaca de este ecosistema es su gran biodiversidad, lo cual otorga a los bañados del Río Dulce una gran importancia ambiental.

En sus diversos ambientes acuáticos se concentran miles de aves coloniales y migratorias que sustentan más del 1% de sus poblaciones a nivel global, que es lo mismo a decir que son cientos de miles de individuos. En los ambientes terrestres asociados también se encuentran especies de mamíferos amenazadas como el yaguarundi (Herpailurus yagouaroundi), el pecarí de collar (Pecari tajacu), la tortuga terrestre (Chelonoidis chilensis), el lobito de río (Lontra longicaudis), el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) y numerosas especies de anfibios, reptiles y peces.  

Una parte de este humedal se encuentra en la provincia de Córdoba y otra en la provincia de Santiago del Estero. El área correspondiente a Córdoba es reconocida como sitio RAMSAR y el sector de la laguna Mar Chiquita forma parte de la Red Hemisférica de Aves Playeras. Esta provincia designó el humedal como Reserva Provincial de Uso Múltiple, una categoría relativamente débil que no alcanza para garantizar la conservación de sus valores naturales y culturales. Esto ha llevado a una campaña provincial, nacional y global  para convertir esta zona en Parque Nacional. En dicha estrategia -liderada desde el tercer sector por Aves Argentinas y apoyada por nosotros y numerosas organizaciones e instituciones- trabajaron todos los niveles de gobierno. 

En Córdoba, desde 2017, se han realizado trabajos fundamentales para lograr la declaración, y ya está muy cerca la creación del Parque Nacional Ansenuza, aprobada por la legislatura de Córdoba. Ahora es el turno del gobierno nacional, ya que la ley tiene que ser tratada en la Cámara de Diputados, y en la de Senadores. A pesar de todos estos importantísimos avances, el área correspondiente a Santiago del Estero carece de protección legal o designación internacional, y hasta hace muy poco había poca información sobre qué especies estaban presentes en el lugar y sobre los pobladores que viven en estrecha relación con el humedal.  

El equipo de Natura Argentina trabaja desde 2019 en la zona de los bañados del Río Dulce, en la provincia de Santiago del Estero. Una de las principales actividades que estamos realizando junto con los pobladores locales, es actualizar la información sobre el conocimiento y utilización local de los ecosistemas y las diferentes especies que se pueden encontrar en los distintos ambientes de los bañados. 

Al trabajar con los pobladores locales afianzamos la construcción colectiva de conocimiento, uno de los pilares de nuestro trabajo en conservación. Gracias a estos diálogos, descubrimos cómo perciben su territorio, cómo se vinculan con el resto de las especies y sus ambientes, cómo creen que influyen los usos y las actividades que realizan en la salud del territorio y cómo son afectados por su dinámica diaria de trabajo. El conocimiento de los pobladores locales es clave en un proceso de construcción de estrategias para conservar los valores culturales y ambientales de un lugar, y las comunidades locales deben participar de las decisiones que se tomen al respecto, porque son parte del territorio a construir y los principales beneficiados. 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias al trabajo y la información social, pudimos identificar qué especies vulnerables suelen ser vistas, y en qué ambientes. Con estos saberes, salimos al campo a buscar las especies catalogadas en peligro de extinción o vulnerables según la lista de IUCN, gracias al apoyo de Rain Forest Trust. El trabajo técnico consistió en la colocación de cámaras trampa en diferentes puntos. Así pudimos realizar muestreos para poder observar huellas, avistar fauna y cualquier otro tipo de evidencias sobre la presencia de las especies. 

Estos esfuerzos dieron sus frutos y el equipo de trabajo logró registrar un total de 152 especies de aves, lo que representa el 39,3% del total de especies de aves citadas para la provincia de Santiago del Estero. De estas especies, 35 son migratorias y utilizan los humedales durante el verano para alimentarse y/o anidar. Además, se confirmó la presencia de 16 especies de mamíferos, seis reptiles, seis anfibios y tres especies de peces. De todas estas especies se destaca la presencia del flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), que suele verse durante el invierno y cuando el río sube y forma humedales.

 Crédito: Equipo Natura Argentina

Mediante las entrevistas, los pobladores locales confirmaron la presencia del águila coronada (Buteogallus coronatus), el pecarí chaqueño o quimilero (Catagonus wagneri) y la tortuga chaqueña o terrestre (Chelonoidis chilensis), especies catalogadas como vulnerables o en peligro de extinción por la UICN. Estas especies están asociadas a las zonas altas con bosque nativo en el margen de la depresión de los bañados del Río Dulce. 

Crear un área protegida (AP) en el delta del Río Dulce sería  un gran paso para la conservación de estos importantes humedales. Es una forma de resguardar los bienes y servicios que los pobladores locales utilizan para vivir, y un recurso para proteger los ecosistemas donde viven todas las especies que logramos identificar en los bañados del Río Dulce. Por esto, seguiremos trabajando en la zona, para avanzar con los estudios biológicos necesarios, para aumentar y actualizar la información sobre la presencia de las especies en categorías amenazadas o en peligro de extinción. También vamos a continuar en contacto con los pobladores locales, no solo para conocer sus opiniones, sino también para brindarles toda la información necesaria para que puedan ser parte de las distintas etapas de la creación de un AP.

 

Por Claudio Bertonatti

Tradicionalmente, se divide el patrimonio en natural y cultural. Se trata de un ejercicio intelectual que busca clasificar bienes, espacios, especies… solo a los fines de simplificar su comprensión, como lo hace la taxonomía con la zoología o la botánica. Pero esa clasificación condiciona nuestra percepción, al punto de observar la naturaleza, por un lado, y la cultura, por otro: estamos ante un problema.

La realidad es que, incluso cuando recorremos el paisaje más urbano, es fácil comprobar que las especies silvestres están presentes, al igual que el suelo, el agua y el aire. Del mismo modo, cuando caminamos por un ecosistema silvestre están presentes los aspectos culturales: a veces, de modo invisible, como los topónimos, los mitos, las leyendas, las canciones, la historia, los nombres populares de los animales, los usos medicinales de las plantas… En otras ocasiones su presencia es obvia si hay senderos, caminos y otras estructuras humanas. 

Sin embargo, la disociación de “lo natural” con “lo cultural” suele reforzarse con la comunicación brindada en los lugares emblemáticos de uno y otro lado. Por ejemplo, en las áreas naturales protegidas los folletos y carteles muestran la flora o la fauna, pero rara vez los componentes culturales (históricos, antropológicos, arqueológicos y folklóricos). Algo equivalente ocurre cuando visitamos un museo histórico, arqueológico o de arte: todo muy lindo, pero la naturaleza no aparece, como si fuera una metáfora de la mirada de un tuerto. Pero si tenemos la posibilidad de ver con los dos ojos, el campo visual se ampliará para revelar un panorama integrador.

Desde esa mirada aparece el patrimonio. Es decir, el legado integral (natural y cultural) de las generaciones que nos antecedieron. Ellas seleccionaron objetos, sitios, personajes, especies y hechos con los que se identificaron en su tiempo. Nosotros no solo los recibimos: los resignificamos, los ratificamos, los descartamos o los renovamos. Por lo tanto, el patrimonio es una construcción social, basada en la valoración, el sentir y el conocimiento del presente. Por eso, distintas sociedades se identifican con un inventario patrimonial que varía con el tiempo, aunque siempre, con un mismo fin: hilarlos para entramar un relato sobre su identidad.