Por Irupé Curto

Entre la memoria personal y la investigación antropológica, este trabajo recupera la historia social, afectiva y cultural de Playa Grande, un pueblo que ha llegado a estar bajo las aguas de la Laguna Mar Chiquita. A través de relatos orales, bibliografía local, archivos digitales y trabajo con la comunidad, la puesta en valor del lugar se vuelve un acto de preservación de memorias compartidas que siguen habitando el territorio.

 

A principios de este año comencé, en conjunto con Natura Argentina y en el marco del Programa de Arqueología Pública del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR-CONICET-UNC), el último trayecto de la Licenciatura en Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba. Mi trabajo se desarrolló bajo la modalidad de Práctica Profesional Supervisada (PPS) que decidimos enfocar en la puesta en valor de Playa Grande a partir de la historización del lugar junto con la comunidad de Marull y localidades aledañas. Playa Grande, definida por la Municipalidad de Marull como un paraje que quedó bajo las aguas de la Laguna Mar Chiquita en las inundaciones de las décadas del 1970 y del 2000, fue, en su momento, un espacio de encuentro, recreación, fe e identidad, al que sus habitantes recuerdan como un “pueblo” o “colonia” (Figura 1 y 2).

Para mí, Playa Grande representa la infancia. Los fines de semanas familiares, los pies hundidos en el barro untuoso, el gusto salado del agua, el avistaje de flamencos y las constelaciones en noches silenciosas y oscuras. Por todo eso, cuando decidí llevar adelante esta PPS, me pregunté: ¿qué es Playa Grande para los habitantes de Marull y localidades cercanas? y, ¿cuáles son los recuerdos y vivencias que ellos conservan de Playa Grande? Comenzó así un viaje compartido con vecinos y vecinas, con recuerdos de un pueblo marcado en la memoria y el corazón. Me senté a escuchar y a leer, porque muchos de quienes habitaron aquellos espacios hoy no están entre nosotros, pero viven en la literatura local y en los relatos orales.

Utilizando mi caja de herramientas de métodos y técnicas antropológicas, desarrollé entrevistas, análisis documental,  etnografía virtual y observación participante. A continuación reseño la multiplicidad de voces y recuerdos que surgieron en la investigación para la historización del lugar. Esta búsqueda, implicó un esfuerzo por recuperar lo que los otros reproducen, dicen y recrean de la historia, todo aquello permeado por vivencias, emociones, espacios y temporalidades particulares.

La bibliografía local y los relatos orales me permitieron vislumbrar la composición del lugar antes del paso de la laguna. Libros como Historias de Playa Grande de la autora Zuny Carena, o la historia de la escuela “Jonas Salk”, escrito por la docente Monica Del Valle Magliano, mencionan a algunas de las familias que consideraron a Playa Grande su hogar o lugar de encuentro como, por ejemplo, los Stradella, los Medina, los Gherra, los Tonello, los Richard, los Tavella, los Schramm, los Trucco, los Monasterolo, los Amione, los Maestri. Y otras personas nombradas recurrentemente en la literatura consultada tales como Maria Erbetta, Luis Latanci, Eduardo Smeriglio, Juan Peréz y Balbin.

 

Entre trampolines, bailes y nutrias

En el libro Marull 75 Aniversario (1987), confeccionado por la Subcomisión de Historia de la localidad, se sugiere que la actividad turística del lugar comenzó entre los años 1918 y 1920 con un quincho y despacho de bebidas. Entre los años 1933 y 1934, se afianzó la actividad turística en paralelo con la instalación de criaderos de nutrias. El negocio de la nutria se centraba en la venta de cueros, ya que su carne no tenía valor comercial y por lo general era desechada. Con el declive de la producción peletera, el turismo se ubicó como el principal motor económico local  cuando, merced al impulso de habitantes locales y de Guido Viotti, intendente municipal de Marull (1964-1973), se desarrolló el Balneario Municipal Playa Grande.

Fig 1. Copia de antiguo plano de Playa Grande proporcionado por Alberto Trucco, poblador del lugar que hoy vive en sus cercanías.

 

 

Figura 2. Plano Playa Grande (aprox. 1964). Fuente: Municipalidad de Marull.

De manera recurrente la vida social del lugar aparece como el recuerdo predominante. En esta, participaban personas de diversas localidades, campos cercanos y turistas de grandes centros urbanos como Córdoba y Buenos Aires. Se hace especial mención a los bailes en lo de Juan Pérez, quien “llegó en 1925 con su mujer, Josefa de Pineda y permaneció exactamente 50 años en Playa Grande, trasladando su local de acuerdo a los avances y retrocesos de la mar” (Carena, s.f., p. 30) (Figura 3). También se rescatan los carnavales, el camping, la capilla Nuestra Señora de la Merced (Figura 4) y la procesión del 24 de septiembre (Figura 5), que conectaba Marull con Playa Grande y reforzaba un sentido de comunidad.

Figura 3. Bailes en lo de la familia Perez (sin fecha). Fuente: Página de Facebook Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

 

Figura  4. La capilla levantada en honor a Nuestra Señora de la Merced (sin fecha). El terreno y la imagen de la virgen fueron donados por María Erbetta. Fue inaugurada el 2 de diciembre de 1945. Fuente: Historias de Playa Grande (Carena, s.f.) y Página de Facebook  Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

Figura 5. Procesión del 24 de Septiembre (aprox. década de 1940). Fuente: Página de Facebook Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

 

En aquel lugar podíamos encontrar hoteles, como la Hostería Patoruzú, el Hotel Recreo Bella Vista,  el  Hospedaje Castagna y Copello y el Hotel Playa Grande, perteneciente a la familia Monasterolo. Según este último propietario describe, su hotel, que fue inaugurado en 1937, contaba con 20 habitaciones y un patio rodeado de galerías destinado a los bailes (Carena, s.f., p. 53). Se mencionan, incluso, despensas, una vinería, una panadería y una peluquería. En cuanto a la educación, hasta 1942, fecha en que se creó la escuela, “los chicos de Playa Grande (…) asistían a las clases particulares de la Srta. Elvira Amione, que no era docente, pero enseñaba lo que los niños necesitaban saber: leer, escribir y calcular” (Carena, s.f., p. 65). El edificio físico para la misma fue habilitado recién en 1980 y hasta ese entonces las clases se dictaban en casas de distintas personas.

La pileta, sus trampolines (Figura 3) y la confitería fueron mencionados una y otra vez en entrevistas y fotos como uno de los centros de socialización más fuertes, en el que muchos aprendieron a nadar y pasaban sus fines de semana. Esta obra, gestionada por Guido Viotti y financiada con fondos del gobierno nacional y provincial durante la presidencia de Arturo Umberto Illia (1963-1966), fue inaugurada en 1968. Viotti, enamorado del lugar, describe a Playa Grande en sus comunicaciones con el Presidente de la Nación como un “paraje original” y de “singular belleza” (Municipalidad de Marull, 1964).

Figura 6. Pileta de Natacion (décadas del 1960-1970). Fuente: Página de Facebook Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

 

 

La Mar” como agente: paisaje, emoción y memoria

En ese entramado de vidas también encontramos historias de crímenes que marcaron de manera sorpresiva a sus habitantes y que aún circulan en la memoria oral.  Los relatos cuentan los casos de Encarnación Balbín, Mafalda Allende, “Pancho” Córdoba y el asesinato de Latanci. Estos eventos llevaron a Playa Grande a figurar en las noticias a nivel provincial y local.

Los testimonios coinciden en que el despoblamiento ocurrió en dos etapas: primero, cuando la economía de la nutria dejó de ser rentable, hacia la década de 1940 en relación a la Segunda Guerra Mundial. Después, cuando el avance del agua, lento pero inexorable, fue cubriéndolo todo a partir de 1970. No fue un evento brusco, sino un proceso de años que implicó observar cómo la capilla, la pileta, los hoteles, la confitería y las casas quedaban bajo el agua (Figura 8). 

Figura 7. Comida en lo de Maestri, quien tenía un bar con comedor y pista de baile (sin fecha). Fuente: Página de Facebook Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

 

Figura 8. Capilla Nuestra Señora de la Merced destruida por la inundación (2010). Fuente: Página de Facebook Thio Badaraco (https://www.facebook.com/marull.cordoba)

 

En la bibliografía local también se recuperan la dimensión emocional y poética: la idea de que la laguna tenía agencia, humor o voluntad. “La Mar podía estar calma o ponerse brava, podía ofrecer bienestar o arrebatarlo, y en esas voces aparece, una y otra vez, la mezcla de nostalgia, pérdida y fascinación que representa la relación de los habitantes con el paisaje.

La etnografía virtual me llevó a recorrer Facebook, especialmente los álbumes de “Thio Badaraco” como se conoce en Marull a Adrián Kosta, quien hace años resguarda cientos de fotos y comentarios donde las personas reconstruyen sus vivencias y sus vínculos afectivos a partir de las imágenes del camping, la pileta, la confitería, las procesiones y los bailes. Revisando esos archivos, percibí a la nostalgia como hilo común: “qué pena da ver esto”, “me da tristeza ver esas fotos actuales”, “allí aprendí a nadar”, “mis viejos siguen siendo amigos de familias que conocieron allí”. Las inundaciones aparecen como una fuerza que “arrasó con todo” y obligó a “dejar el pasado bajo el agua”, pero también brota el deseo de reconstrucción, ese deseo imparable de “que vuelva algún día a ser lo que fue”. Las fotografías funcionan como archivo digital en donde la gente vuelve a encontrarse con ellos mismos, con sus seres queridos y con los momentos que los atravesaron.

Una instancia de observación participante reflejó lo expresado hasta ahora: en una visita junto a mi padre, que disfrutó de ese lugar en su infancia, recorrimos las ruinas intentando reconocer lo que una vez fuera un  pueblo. Pudimos identificar los restos de la pileta de natación, de la cual hoy sobreviven parte del piso de color celeste (Figura 9) y grandes piedras bolas (Figura 10) que en el pasado conformaban las paredes. Ver su emoción al sacarse fotos en el mismo lugar en el que aprendió a nadar fue un recordatorio de cómo los lugares sobreviven en los cuerpos. También localizamos posibles viviendas y calles hoy cubiertas por maleza. Al llegar a Playa Grande uno no se imagina lo que hubo allí, nada indica que existió un asentamiento humano cargado de historias sino que es el paisaje quien guarda la memoria en sus restos y su gente quien la revive en lo escrito, en lo dicho y en lo recordado. 

Figura 9. Parte del fondo de la pileta de natación del Balneario Playa Grande en el que todavía se conserva el color celeste (2025).

 

Figura 10. Restos de lo que fuera la pileta de natación del Balneario Municipal Playa Grande (2025)

 

Más allá del agua: continuidad de la memoria colectiva

Considero que el resultado de este trabajo no es un mero inventario de recuerdos, sino también un acto de preservación de una historia multivocal que sigue allí, latiendo a pesar del golpe del agua, en cada reminiscencia de los bailes de fin de semana, en cada brazada en la pileta, en cada fotografía analógica, en cada comentario de Facebook, en cada poema escrito sobre la laguna.

Este recorrido, como tantos otros acompañados por Natura Argentina, demuestra que los territorios se componen también de historias y de memorias compartidas. Preservarlas es un modo esencial de proteger su valor cultural y de permitir que aquello que “la Mar se llevó” pueda, de algún modo, seguir existiendo.

Me gustaría cerrar con una frase que Zuny Carena deja en su libro Historias de Playa Grande: “Que la laguna con sus avances haya borrado todo un pueblo, no significa que el recuerdo de lo que hubo (…) no permanezca en las mentes de todos los que lo disfrutaron, trabajaron, lloraron y rieron en él”.

 

Bibliografia

Carena, Z. (s.f.). Historias de Playa Grande.

Guber, R. (2009). Política nacional, institucionalidad estatal y hegemonía en las periodizaciones de la antropología argentina. Cuadernos del IDES, 16. 

https://publicaciones.ides.org.ar/sites/default/files/docs/2020/cuadernosdelides-16-2009-guber

Municipalidad de Marull.(s.f.). Historia, Recuperado de https://marull.gob.ar/historia/

Magliano, M. (2018). Reconstruyendo 75 huellas de Diamante. Historia de la escuela “Jonas Salk” de Playa Grande.

Municipalidad de Marull (1964). Nota dirigida al Presidente de la Nación, Dr. Arturo Illia.

Subcomisión de historia (1987) Marull 75 aniversario. 

 

En el extremo norte de la laguna Mar Chiquita, las comunidades de Los Porongos, El Huaico y Limache conviven en más de un millón de hectáreas de agua, sal y vida silvestre. Entre casas de barro, aves migratorias y saberes ancestrales, se escribe una historia de resiliencia, hospitalidad y conservación comunitaria. 

Durante 2025 Natura Argentina llevó adelante un proyecto para el  fortalecimiento social basado en el Diálogo de Saberes. Este enfoque reconoce que tanto el conocimiento científico como el saber local ancestral son fundamentales para la conservación efectiva. Con este proceso comunitario, los pobladores de Los Porongos compartieron y pusieron en valor los Saberes Vivos que definen su relación con el territorio, esenciales para la supervivencia y el manejo sostenible de los recursos. Así, descubrimos que hay saberes que pasan de generación en generación, como el trabajo con la lana o el arte de construir hogares de barro, todo en profunda comunión con el ambiente.  

Un saber vivo es un conocimiento que se crea y se recrea en el presente. Nace del encuentro entre la experiencia cotidiana y la memoria colectiva, y se transforma con cada práctica, cada paisaje y cada conversación. En Natura Argentina, lo entendemos como un puente: un diálogo entre el saber local y la ciencia, donde cada mirada enriquece a la otra y nos ayuda a cuidar mejor los territorios que compartimos. Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

 

El valor del agua

En este vasto territorio,  el acopio de agua de lluvia en cada casa teniendo en cuenta los períodos de abundancia y escasez de este vital recurso, señalan el conocimiento de los pulsos de naturaleza pero también su aprovechamiento sostenible y una menor dependencia del agua del río.

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.


Los silenciosos mamíferos

Con cámaras trampa, colocadas siempre con permiso de las familias, se registró fauna local. Entre las sorpresas apareció el zorro de monte, una especie que no suele verse con facilidad. 

Aves del humedal

La guía y acompañamiento de la comunidad, junto con los conocimientos técnicos del equipo y los censos liderados por el fotógrafo de naturaleza y técnico en turismo Ramiro Ramirez fueron clave para obtener el sorprendente resultado de que en este lugar es posible observar el 47% de las aves registradas en Santiago del Estero.

La escuela como centro de todo

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

En Los Porongos, la escuela rural es muchísimo más que un espacio de clases. Es el punto de reunión de la comunidad y, muchas veces, el lugar donde pasa todo. Niños de distintas edades comparten el aula y la vida cotidiana, y los proyectos se construyen entre todos.

En ese espacio se hizo un mural colectivo inspirado en la fauna y en la laguna cercana. Quedó grabado en una de las paredes, como una especie de recordatorio de que la escuela también forma parte del paisaje.

Vivir, trabajar y ser parte del territorio

Es muy desafiante trabajar en esta región: el calor extremo, el viento salino, la falta de agua en ciertos momentos del año. Pero al llegar a cada casa, las familias reciben al equipo con una amabilidad que desarma cualquier dificultad. Mate, conversación, tortas asadas, tiempo compartido: todo eso construye un vínculo que facilita el trabajo y permite entender mejor cómo se vive en un humedal como este.

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

El trabajo en Los Porongos es fundamental, ya que los Bañados del Río Dulce tienen un valor de conservación crítico al retener y almacenar agua dulce, esencial para la vida silvestre, consumo humano y producción. Además, los Bañados, cumplen un rol importante y a gran escala ante el calentamiento global, el cambio climático y la degradación del hábitat.

 

 

Un proceso que sigue en movimiento

El trabajo en Los Porongos no se cierra con un taller ni con un viaje. Cada visita abre nuevas preguntas y nuevas formas de colaboración. De la misma manera en que los humedales guardan agua para que la vida siga, la comunidad guarda historias y saberes que ayudan a pensar cómo cuidar el territorio a futuro.

Este proceso es eso: un camino compartido, que se construye de a poco, con escucha y con respeto. Y mientras el diálogo siga abierto, la conservación también tiene futuro.

 

Más de 300 estudiantes de escuelas de Pomán, Saujil, Capayán y Huillapima participaron de un proceso educativo y comunitario para reconocer los valores naturales y culturales de las Sierras de Ambato. A través de la Guía Exploratoria y la creación colectiva del libro “Me contó un pajarito”, las infancias compartieron su mirada sobre el agua, los cerros, la fauna y las costumbres que hacen de este territorio su hogar.

Durante el año 2024 realizamos actividades de formación y sensibilización junto a las comunidades educativas, en el marco del proyecto de conservación de las Sierras de Ambato, con la valiosa participación de comunidades educativas de los municipios de Pomán, Saujil, Mutquín, Capayán y Huillapima, en la provincia de Catamarca.

A partir de una Guía de Exploración, trabajamos con más de 300 estudiantes de ocho escuelas primarias y secundarias. Esta guía fue pensada como una herramienta pedagógica que nos sirvió para reconocer a través de la mirada de las infancias los valores de conservación de la zona y aprehender de manera comunitaria lugares seguros y de valor para la comunidad.

A lo largo de encuentros en escuelas, escuchamos sus voces sobre los temas que los atraviesan: la importancia del agua, los árboles, los cerros, los animales y las costumbres locales. También trabajamos sobre las amenazas que reconocen en su entorno, como la basura, los incendios, la cacería y el desmonte.

Las niñas y niños nombraron con claridad los valores de conservación que hacen a su identidad y calidad de vida:

  • El silencio,
  • La tranquilidad,
  • El río y el balneario como espacios de encuentro,
  • Las plantas medicinales,
  • La fauna silvestre y
  • El agua que baja del cerro y da vida a todo.

La voz y la mirada de las infancias fueron incluidas en los relevamientos y en los planes de gestión de las reservas, para que sus sentires también sean parte de las decisiones sobre el territorio. Incorporar su participación es una forma de democratizar la construcción de las áreas protegidas, entendiendo que cuidar y pensar estos espacios es una tarea que nos involucra como comunidad.

En el proceso de creación de las Áreas Protegidas, las niñas y los niños de la comunidad fueron protagonistas. A través de las guías de exploración, recorrieron el territorio con curiosidad, observando, dibujando y registrando los paisajes, plantas y animales que forman parte de su vida cotidiana.

 

Como cierre de este proceso presentamos un libro de cuentos, llamado: “Me contó un pajarito. Una historia para descubrir las Sierras de Ambato”.

“Este libro es tuyo. Porque tus palabras y tus sueños están ayudando a cuidar las Sierras de Ambato, para que sigan siendo siempre lo que vos y tus amigos soñaron.”

 

Este libro reúne historias creadas por las infancias, narradas por la Taruca y la Monterita Serrana, dos personajes que invitan a soñar, recorrer y cuidar estos paisajes únicos. Es un homenaje a lo que las nuevas generaciones piensan, sienten y desean para las sierras en las que viven.

Las infancias aportan una sensibilidad única: observan lo que a veces los adultos dejamos de ver, se asombran ante lo cotidiano y encuentran belleza en los pequeños detalles del entorno natural. Su mirada nos recuerda que la naturaleza no solo se estudia o se gestiona, sino también se siente, se escucha y se habita con respeto y curiosidad.

Este proceso dejó aprendizajes, y un compromiso colectivo por conservar lo que hace a estas sierras tan especiales. Y lo más importante: la certeza de que las voces de las infancias tienen mucho que decir sobre el futuro de nuestros territorios.

Fue un pilar importante en la creación, gestión y diseño de las áreas protegidas del mosaico de las reservas naturales municipales en las Sierras de Ambato. Cada reserva natural está íntimamente ligada a los saberes que compartieron las infancias que son quienes a futuro seguirán disfrutando su entorno natural y cultural.

Podés descargar el libro, o escuchar la versión animada en Youtube.

También está disponible la Guía de Exploración: ¡completala, y seguí acompañando a la Monterita Serrana y a la Taruca en sus aventuras por las Sierras de Ambato!

Entre las Sierras de Famatina, en La Rioja, se alza el Cerro El Toro, una formación montañosa que se llama así porque el perfil de la montaña recuerda la silueta de un toro en posición de embiste. 

Su color morado oscuro y su imponencia llaman la atención de quienes llegan a Villa Castelli, pero lo que lo hace único va mucho más allá de su paisaje: aquí conviven los vestigios de una civilización milenaria y la biodiversidad de un entorno natural excepcional, resguardados bajo la figura de Reserva Natural Cultural Cerro El Toro.

Hoy, gracias a un plan de readecuación y revalorización de senderos tradicionales impulsado por la Municipalidad de General Lamadrid, este sitio vuelve a abrirse al mundo con una nueva fuerza. El municipio tomó la decisión e invirtió en la puesta en valor, y posteriormente Natura Argentina y la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y Museos de la Provincia de La Rioja se sumaron para trabajar en la recuperación de los senderos. Esta iniciativa colectiva también contó con la participación de la comunidad local y especialistas en arqueología y conservación.

Por su invaluable legado cultural, fue declarado Monumento Histórico Provincial en 1985 bajo la Ley No 4565. Asimismo, debido a su destacada biodiversidad, también obtuvo la distinción de Monumento Natural Provincial. En 2008, la ordenanza municipal sancionada declara a toda esta área como Reserva Natural Cultural Cerro El Toro. Además, la Reserva se encuentra bajo dominio de la Ley Nacional N° 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, y la Ley Provincial N° 6.589 de Regulación y Control del Patrimonio Cultural Arqueológico, Arqueológico Urbano, Paleontológico, Antropológico e Histórico de la Provincia de La Rioja. /Foto: Enzo Ellero

Readecuar para preservar y descubrir

El proyecto comenzó con una necesidad: las lluvias intensas hacían que el suelo se perdiera en cada pendiente, poniendo en riesgo el tránsito y la conservación del lugar. El trabajo fue minucioso: se reacomodaron piedras, se reforzaron bordes y se aplicaron técnicas que respetan al máximo el paisaje.

Se encuentra a 6 km de la localidad de Villa Castelli, en el kilómetro 154 de la Ruta Nacional Nº 76, en la falda oriental de las Sierras de Famatina. A 34 km de Villa Unión y 35 km de Vinchina. La ruta está en excelentes condiciones y, al ingresar a la Reserva, el camino es de ripio y accesible con vehículo. /Foto: Enzo Ellero.

 

Andrés Baissero es técnico en Natura Argentina y explica parte de este proceso mientras señala elementos del paisaje: se dedicó tiempo a analizar qué se había hecho en este lugar, cómo lo aprovechan las personas de la zona y qué se podía mejorar desde una perspectiva de turismo sostenible. “Todo se trabajó en equipos multidisciplinarios. Se respetaron estudios arqueológicos previos, pero se le dio una vuelta narrativa nueva y colaborativa, que se construyó junto a Proyecto Ambiental, especialistas en el tema. También participaron todos los guías del lugar”, resume.

Rocío Cardona también es técnica en este proyecto de Natura Argentina. El equipo técnico no solo aportó conocimientos, sino que además participó activamente en las jornadas de trabajo, a las que se sumaron trabajadores del municipio, de la provincia y estudiantes voluntarios. Entusiasmadas, nos cuentan que trabajaron incluso bajo la lluvia y la nieve. El resultado son senderos de bajo impacto, que respetan el trazado original desde una mirada arqueológica, pero con correcciones para evitar la erosión de las lluvias, entre otros detalles.

“Trasladamos material de otras zonas y luego armamos los senderos. Ahora la intervención parece mínima, casi imperceptible”, explica Rocío señalando el caminito que sube la sierra.

El proceso se apoyó en estudios arqueológicos previos, que sirvieron de base para definir cada intervención. Además, se diseñaron dos circuitos interpretativos, cuyo guion se elaboró junto con la Escuela Ambiental y guías locales. / Foto: Natura Argentina.

 

Eso no significa que los senderos no requieran mantenimiento, ni que dejen de implicar un despliegue de recursos locales para asegurar una experiencia interesante para quienes los visitan. De hecho, el proceso también incluyó la formación de técnicos en readecuación de senderos, dejando capacidad instalada en la comunidad para sostener este trabajo en el tiempo. Damián, el guía que nos acompaña hoy, muestra el recorrido y concluye: “Trabajar juntos en este lugar ha sido algo hermoso, este sitio es único en el país y se puede visitar en nuestro departamento”.

La readecuación no solo mejoró la transitabilidad, también devolvió al sendero su carácter ancestral: un camino que une pasado y presente.

Damián, guía local: “Los visitantes encontrarán aquí la historia de la cultura Aguada, vestigios de sus casas, sus recintos, el arte rupestre que nos dejaron para entender su visión del mundo y la importancia de este lugar”. /Foto: Natura Argentina.

 

Un paisaje que guarda cultura y vida silvestre

El Cerro El Toro es mucho más que un escenario natural. Aquí, entre los años 770 y 1400 d.C., vivieron las poblaciones vinculadas a Argentino), por las poblaciones identificadas con el estilo cerámico “Aguada”, que ocuparon distintos territorios del Noroeste argentino. Su impronta todavía se reconoce en las viviendas de piedra, la arquitectura mimetizada con el cerro y los petroglifos de jaguares y figuras humanas.

El arte rupestre Aguada consistía en figuras y dibujos tallados en piedra mediante la técnica de picado y raspado. Dentro de los petroglifos con motivos antropomorfos (representaciones humanas y animales), se observan tres personajes que visten un unku (túnica andina hecha en tejido fino) con manchas de jaguar. Estas manifestaciones de arte rupestre formaban parte del sistema de rituales y creencias religiosas de los grupos o personas que allí habitaban, compartido por gran parte de las sociedades en la región Valliserrana. / Foto: Natura Argentina.

 

La Reserva también guarda una riqueza natural extraordinaria: desde el Cóndor Andino hasta el Lagarto Cola Piche de Famatina, un microendemismo exclusivo de la región.

Caminar por estos senderos es sumergirse en la vida cotidiana de quienes habitaron estas montañas: ver las viviendas que cobijaban familias, descubrir los grabados ancestrales que formaban parte de rituales, y apreciar la cordillera desde una perspectiva única. Damián nos dejó un momento aquí arriba, nos pidió detenernos y, en ese silencio compartido, pudimos comprender la belleza del sitio. Hay que venir hasta aquí, regalarse una pausa frente a la cordillera y experimentarlo.


Visitá el Cerro El Toro

El Cerro El Toro es un Monumento Histórico y Natural Provincial, y se recorre con un guía local certificado. Las visitas guiadas pueden solicitarse en la oficina de turismo del Municipio de General Lamadrid.

Aquí, entre cerros que parecen animales mitológicos, petroglifos que cuentan historias y paisajes que se transforman con cada rayo de sol, el visitante descubre que la verdadera magia de este lugar no está solo en lo que se ve, sino también en lo que se preserva gracias al esfuerzo colectivo.

Esta Reserva Natural y Cultural dispone de un centro de visitantes equipado con servicios como baños accesibles, internet, agua caliente, información turística, y un mercado cultural que hoy da visibilidad a las artesanías locales con venta de productos y un espacio de esparcimiento. 

¿Qué se puede hacer?

  • Trekking y senderismo
  •  Yacimiento arqueológico 
  • Observación de flora
  • Observación de fauna
  • Vistas panorámicas

bierto todos los días de 09:00 a 20:00 horas. Tarifas: los valores de ingreso se pueden consultar a los teléfonos: 3804 865393 / 3825 573602 / 3804 864800. Es obligatorio el ingreso con guía de turismo a este sitio arqueológico patrimonial de acuerdo a la ordenanza municipal N° 178/21. Para reservar el servicio de guiado, consultar telefónicamente en la oficina de información turística. 


 

Un acuerdo para proteger la biodiversidad local.

 

En marzo de 2025, concluimos una nueva etapa de investigación sobre la fauna de las Sierras de Famatina. Este programa de conservación se basa en un acuerdo interinstitucional para acompañar a estudiantes y científicos en el estudio de especies clave de la región. Nos enfocamos en cuatro líneas de investigación centradas en animales emblemáticos y prioritarios de las sierras, en un trabajo conjunto entre la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), la Alianza Gato Andino (AGA), Natura Argentina y Soledad de Bustos, una investigadora referente de taruca de la delegación NOA de la Administración de Parques Nacionales (APN).

Trabajamos con la taruca (Hippocamelus antisensis), una de las especies más emblemáticas de la zona. Otras especies elegidas fueron el puma (Puma concolor), el gato andino (Leopardus jacobita), el gato montés (Leopardus geoffroyi) y el gato del pajonal (Leopardus colocolo). Crédito: Mathis Jacob Dunner.

Realizamos tres campañas de instalación y retiro de cámaras trampa, y tomamos muestras indirectas a través de transectas. Complementamos esta labor con tres campañas de entrevistas a pobladores locales, que nos brindaron perspectivas valiosas sobre la relación entre las comunidades y la fauna.

Mina Delina, escenario natural y clave para la conservación

Gran parte de estas campañas se desarrollaron en Mina Delina, dentro del Departamento General Felipe Varela. Allí, buscamos conocer la distribución y diversidad de mamíferos medianos y grandes amenazados, con especial foco en registrar su presencia y amenazas.

La cuarta y última campaña de esta primera etapa se desarrolló en Mina Delina, ubicada en el Departamento de General Felipe Varela, con el objetivo de conocer la distribución y diversidad de mamíferos medianos y grandes amenazados en la región. Un paisaje donde naturaleza y actividad humana han convivido históricamente, nos abre paso hacia rincones remotos donde la fauna aún habita en calma. Crédito: Natura Argentina.

 

Durante las campañas, se retiraron más de 20 cámaras trampa instaladas desde septiembre de 2024. Estas capturaron más de 300.000 imágenes, una gran fuente de información que nos permite contar una historia detallada de la fauna local y sus dinámicas.

 

Ciencia, saber local y construcción colectiva

Las líneas de investigación incluyeron entrevistas en las comunidades locales para sumar a los relevamientos a campo saberes populares de distribución, percepciones culturales y posibles conflictos entre actividades humanas y la vida silvestre. Estas conversaciones son fundamentales para diseñar estrategias que no solo protejan a las especies, sino que también integren a las personas y sus saberes en los procesos de conservación. Muchas veces, estas entrevistas aportan información que los equipos de investigación no pueden relevar con la metodología propuesta. De este modo, incorporamos un enfoque de investigación-acción que enriquece nuestro trabajo y permite acceder a conocimientos que muchas veces escapan a las metodologías tradicionales.

La investigación incluyó entrevistas a comunidades locales, con el propósito de conocer sus percepciones sobre la fauna y su relación con el entorno.

Otro aporte fueron los modelos situacionales para las especies clave, elaborados utilizando la metodología propuesta por los Estándares Abiertos para la Conservación, lo que nos permitió identificar un ranking de amenazas específicas. A partir de ahí, podemos diseñar estrategias para abordarlas de manera efectiva. Este trabajo fue parte de la base para la tesis de maestría de Sofía Antonena, colaboradora de Natura Argentina, quien exploró los valores de conservación y sus amenazas en las Sierras con la guía del equipo y aportes de actores locales.

 

Hacia una conservación con mirada comunitaria

Los datos y conocimientos obtenidos son una oportunidad para desarrollar una conservación más integradora, que involucre activamente a las comunidades en la protección de su entorno y fortalezca un vínculo positivo con la naturaleza. Entre las especies registradas durante las campañas destacan no solo los grandes mamíferos prioritarios, sino también especies encantadoras como vizcachas serranas, zorros, zorrinos y una gran variedad de aves.

Durante la campaña se retiraron más de 20 cámaras trampa, instaladas en septiembre de 2024, que capturaron más de 300.000 fotos, brindando valiosa información sobre la fauna local.

Estas conversaciones brindan información clave sobre el saber local, el valor cultural y ecológico de las especies, y los posibles conflictos o tensiones entre las actividades humanas y la vida silvestre. Este es solo el comienzo. Las Sierras de Famatina guardan secretos que solo el tiempo, el trabajo en equipo y el respeto por la montaña podrán revelar.

 

 

 

Se lanzaron los planes de gestión en el mosaico de reservas municipales en Catamarca. Un paso clave para fortalecer la conservación con identidad y arraigo territorial.

 

Entre el 5 y el 9 de mayo, Natura Argentina acompañó uno de los hitos más importantes de la planificación ambiental municipal en nuestro país: el proceso participativo para la elaboración de los Planes de Gestión de tres Reservas Naturales Municipales que integran el Mosaico de Reservas de las Sierras de Ambato, en Catamarca.

Este mosaico, compuesto por las reservas de Huillapima, Saujil y Capayán, no solo representa una estrategia de conservación territorial, sino también una experiencia concreta de articulación intermunicipal con fuerte participación ciudadana. En conjunto, conforman un corredor biológico y cultural que protege biodiversidad, memoria local e identidades vivas.

Taller participativo en Concepción (Huillapima). Vecinos, concejales y autoridades debatieron el futuro de la reserva.

Durante cinco días, se llevaron adelante actividades comunitarias, talleres técnicos y jornadas institucionales en distintas localidades: Concepción, Los Ángeles, Saujil y Chumbicha. Allí se compartieron los lineamientos generales de los planes de gestión y se construyeron de forma colectiva los primeros pasos de una hoja de ruta común para cada una de las áreas protegidas.

 

Taller participativo en Los Ángeles (Huillapima). Vecinos, concejales y autoridades debatieron el futuro de la reserva.

La elección participativa de los nombres de las reservas fue uno de los momentos más simbólicos de la semana. A partir de ahora, el mosaico estará conformado por la Reserva Natural Municipal “El Manchao” (Saujil), la Reserva Natural Municipal “Mogote de la Cruz” (Huillapima) y la Reserva Natural Municipal “Los Capayanes” (Capayán).

Este proceso está profundamente alineado con el modelo de gestión de Natura Argentina, que combina el trabajo técnico, la producción sostenible, la participación ciudadana, la vinculación socioambiental y el diseño de herramientas normativas y financieras para garantizar la sostenibilidad de cada proyecto.

Encuentro técnico en el Municipio de Saujil. Diálogo institucional para la implementación del plan de gestión.

En el territorio de las Sierras de Ambato, esto se traduce en un abordaje que incluye desde el relevamiento de valores de conservación hasta la puesta en común con las comunidades sobre los usos y significados del territorio. La información recabada a través de los diagnósticos iniciales permite diseñar planes que no solo protejan la biodiversidad, sino que también respeten y acompañen los medios de vida tradicionales.

La planificación de estas áreas se basa en una visión de conservación integrada con la comunidad. Los encuentros realizados durante la semana pusieron en evidencia el compromiso local con el futuro del territorio: desde funcionarios y concejales hasta escuelas, bomberos y medios comunitarios se involucraron activamente en las actividades.

Un ejemplo clave fue el encuentro en Chumbicha, donde la comunidad decidió de forma colectiva el nombre de la nueva reserva “Los Capayanes”, en homenaje a la historia y el legado cultural del territorio. Esta decisión refuerza el valor simbólico y el sentido de pertenencia que la conservación puede generar cuando se construye con las personas.

Elección del nombre de la Reserva Los Capayanes en Chumbicha. Participaron vecinos de varias localidades.

 

Además del trabajo participativo, la semana incluyó instancias de capacitación técnica para los equipos municipales y para representantes de Mutquín, que están desarrollando su propia propuesta de área protegida. Estos espacios fortalecen capacidades locales y siembran nuevas posibilidades de expansión del modelo.

Natura Argentina concibe las áreas protegidas como espacios que deben generar valor público, y por eso promueve la transparencia

Capacitación al equipo de Mutquín. Transferencia de herramientas para una futura reserva municipal.

, el acceso a la información y la participación en todas las etapas del proceso. En Ambato, esto se refleja en cada reunión abierta, cada mapa compartido, cada decisión colectiva.

La vinculación socioambiental también está presente en las propuestas de articulación con el sistema educativo, que serán parte central del desarrollo del plan en los próximos meses. Ya se proyectan actividades con escuelas locales y propuestas de formación para docentes y estudiantes.

A futuro, el Plan de Gestión que se está diseñando para el Mosaico de Ambato buscará convertirse en una herramienta concreta, aplicable y con fuerte identidad local, capaz de equilibrar conservación ambiental, producción sostenible y fortalecimiento comunitario.

Con esta iniciativa, Catamarca da un paso fundamental hacia un modelo de gobernanza ambiental inclusiva y arraigada en el territorio. Natura Argentina seguirá acompañando este camino, convencida de que las reservas son mucho más que áreas naturales: son espacios vivos donde se construye un futuro común.

 

 

Desde su creación, Natura Argentina ha trabajado en la protección de ecosistemas a través de áreas protegidas y el trabajo con comunidades locales. Su presidenta es bióloga, investigadora y líder en conservación, y ha dedicado su carrera a proteger la naturaleza desde el territorio. En esta entrevista, Lucila Castro repasa su recorrido, los desafíos de la conservación en el país y el rol clave de las comunidades locales en la protección del ambiente.

 

¿Cómo surgió la idea de fundar Natura Argentina y cuáles fueron los primeros pasos para hacerlo realidad?

Hace más de diez años yo estaba trabajando para una ONG llamada Pacific Biodiversity Institute, dedicada a la conservación y la investigación. Así conocí a muchas personas, tanto a nivel nacional como internacional, que estaban trabajando en conservación. Decidimos, entre un grupo de amigos, fundar una ONG que se dedicara a la protección de nuestro territorio a través de una herramienta clave: las áreas protegidas.

Conformé un equipo de profesionales, al principio centrado en la biología, y luego lo fuimos ampliando a otras áreas, entendiendo la complejidad del campo de la conservación. Así llegamos a lo que somos hoy: un grupo consolidado de profesionales de distintas disciplinas, enfocadas en ciencia, conservación, finanzas, política y aspectos socioambientales.

¿Cuál creés que fue el mayor logro de la organización hasta ahora?

Podría mencionar dos logros. El primero tiene que ver con Natura Argentina en sí: que exista en el centro del país, consolidada y en constante mejora, es un logro enorme. La fundación ha logrado abordar temas complejos de conservación con una mirada interdisciplinaria y un equipo altamente capacitado.

El segundo logro es la creación del Parque Nacional Ansenuza. Para mí, que soy de Miramar, significó una gran responsabilidad trabajar en un proyecto de este tipo. Lo atravesé desde varias aristas: como lugareña, buscando lo mejor para ese territorio; como profesional, ya que estudié los flamencos de Mar Chiquita; y como representante de una de las instituciones que ayudó a la creación del parque. Nos queda la etapa de implementación, pero saber que, tras más de siete años de trabajo, el parque es una realidad es un orgullo.

Nacida en Rosario, Santa Fe, Lucila Castro vivió casi toda su vida en Miramar de Ansenuza. Desde allí, se convirtió en una impulsora de la creación del Parque Nacional Ansenuza.

¿Por qué eligen trabajar con personas que viven en los territorios?

Trabajar con las comunidades locales es la base de todo lo que viene después: las estrategias de conservación, la búsqueda de fondos, la conformación de equipos. No fue una decisión planificada desde el inicio, sino que la fuimos construyendo a medida que entendimos que todas las decisiones en conservación impactan en la vida de las personas.

Lo que empezó como una idea incipiente hoy es una política institucional: las decisiones finales deben venir de quienes habitan los territorios. Además, los cambios fuertes en conservación deben venir de una sociedad movilizada. Nosotros podemos proponer ideas, pero deben construirse en conjunto con las comunidades.

¿Cómo fue tu formación en el campo de la conservación?

Soy bióloga, egresada de la Universidad Nacional de Córdoba. Para mí, es un orgullo haberme formado en una universidad pública que me dio tanto y marcó mi carrera. Siempre estuve en búsqueda de nuevas experiencias: en la facultad me involucré en todas las cátedras en las que podía ayudar, colaboré en el museo de mi pueblo y comencé a trabajar en conservación desde un enfoque académico.

Tuve la oportunidad de estudiar en el exterior, haciendo prácticas en la Universidad de Melbourne, en Australia, y en la Universidad Nacional Autónoma de México, investigando sobre el yaguareté. Luego trabajé en la Sociedad Internacional de Estudios de Lagos Salados, lo que me dio una mirada global sobre la conservación. Todo esto me permitió entender la importancia de articular ciencia y gestión para implementar políticas de conservación.

Forma parte del Grupo de Conservación de Flamencos Altoandinos y de los Grupos de Especialistas en Conectividad y Conservación de la UICN, promoviendo la articulación científica y comunitaria en la protección de ecosistemas clave.

¿Cómo fue el proceso de selección en las becas internacionales que ganaste?

Me postulé y fui seleccionada en dos becas internacionales. La primera fue para la formación de líderes en conservación a nivel mundial, Kinship Conmservation Fellows. Se presentaron cientos de personas y seleccionaron solo a 18 de 13 países. Fue un mes de entrenamiento intensivo, compartiendo con otros jóvenes líderes en conservación.

La segunda beca fue la Boundless Fellowship, enfocada en líderes en conservación de las Américas.

Fuiste seleccionada para ser parte del directorio de World Land Trust. ¿Qué esperás respecto a ese cargo?

Sí, este año también fui seleccionada para formar parte del directorio de World Land Trust, una de las ONG más importantes a nivel mundial. Es la primera vez que alguien joven, mujer y latina participa en la toma de decisiones de esta organización. Creo que ahí podré aprender un montón, y llevar algo del cambio que necesita el mundo de la conservación.

¿Cuál es el mayor aprendizaje que podrías compartir con quienes quieren dedicarse a la conservación?

Después de haber viajado mucho y haber escuchado a profesionales de todo el mundo, me parece que puedo decir que la conservación debe hacerse con y desde las comunidades locales. Son ellas las que viven en los territorios y se beneficiarán de las áreas protegidas. Nuestra mirada académica es valiosa, pero debe articularse con los conocimientos tradicionales para generar políticas públicas efectivas.

Como miembro del directorio de World Land Trust, Lucila Castro aporta su experiencia en conservación y áreas protegidas para impulsar estrategias de protección a nivel internacional. Es la primera mujer y la primera sudamericana que será parte de ese espacio de decisión.

El ambientalismo puede ser un campo difícil, parece una lucha constante. ¿Cómo haces, cómo hacemos, para seguir trabajando y no dejarnos derrotar por el pesimismo?

El mundo de la conservación, la carrera que nosotros llevamos adelante, no se si pesimista pero es dura. Todos los días hay una batalla nueva. Pero me alimenta trabajar con profesionales apasionados, que te desafían a cambiar el enfoque, a pensar distinto, el ambiente del que me rodeo me mantiene inspirada. Y también me sirve celebrar los pequeños logros, también es importante: desde un taller que sale bien hasta el avistamiento de un animal en una cámara trampa o algo grande como la creación de un parque nacional. Necesitamos seguir construyendo estas redes de apoyo para abordar los temas mas importantes en conjunto. Esas redes son las que te dan ganas de seguir. Por último, cuando vemos que algo funcionó, todo vale la pena.

Especialista en ecología de poblaciones y conservación, ha participado en investigaciones y charlas sobre humedales en países como China, Rusia, Brasil, México y Estados Unidos.

¿Qué puede aportar Natura Argentina a la crisis ambiental del país?

Desde hace unos años yo me vengo preguntando todo el tiempo por qué estamos como estamos y hacia dónde vamos. No solo como país, como humanidad. Hay algo que yo veo es que hay una disociación completa entre el día a día nuestro, la sociedad, y la naturaleza. No podemos vernos como parte de un todo y que somos lo que somos gracias a la naturaleza: el aire que respiramos, el agua que tomamos, lo que comemos. En el día a día nos olvidamos de nuestra conexión con la naturaleza, la damos por sentada, y esa desconexión se hace cada vez más grande. Así, terminamos viendo a los ambientalistas de un lado y a la sociedad del otro. Creo que hasta que no sanemos esa relación primaria con la naturaleza, no podremos lograr grandes cambios, no solo en el ambiente, sino en todos los niveles.

Las áreas protegidas, la herramienta que elegimos para hacer conservación, buscan precisamente eso: unir conservación, diálogo en el territorio y producción sostenible, y recordarnos que somos parte de un todo. Pero hasta que no resolvamos esta desconexión como humanidad, no podremos llegar muy lejos. Desde Natura Argentina proponemos las áreas protegidas como un pequeño paso hacia esa meta. Aún nos falta mucho por recorrer.

Argentina enfrenta muchos problemas ambientales: deforestación, contaminación, turismo no regulado. Natura Argentina eligió las áreas protegidas como una herramienta para ordenar el territorio y promover actividades productivas sostenibles.

La creación de áreas protegidas, por ejemplo, en uno de los proyecto de la Fundación que esta en Catamarca, nos ayuda principalmente a la conservación de los bosques de esas montañas, y con ellos de todas las especies. Ahora estamos trabajando en su implementación para que las comunidades puedan vivir de esos territorios, no solo porque respiran aire puro y tienen agua limpia, sino porque también puedan potenciar la venta de productos regionales y desarrollar sus actividades. Vemos cómo nos muestran con orgullo todo lo suyo, todo lo que pueden lograr con acciones coordinadas.

Es fundamental trabajar juntos, desde lo local, provincial y nacional, mirando el país como un todo, pero sin olvidar la importancia de las decisiones tomadas desde lo local, que impactan directamente en la vida de las personas.

El gato montés enfrenta múltiples amenazas, pero su conservación es un esfuerzo colectivo. Un grupo de trabajo se enfoca en desplegar una red para proteger su hábitat y garantizar su futuro en la naturaleza.

El Grupo de Trabajo sobre el Gato de Geoffroy (GCWG) es una red de conservacionistas, investigadores y entusiastas dedicados a la supervivencia de las poblaciones de gato montés, también llamado “gato de Geoffroy” (Leopardus geoffroyi) y sus hábitats. Formado en diciembre de 2020 en Brasil, el GCWG cuenta con más de 40 miembros en los seis países donde habita esta fascinante especie.

En Córdoba, Argentina, al igual que en muchas regiones, las poblaciones de mamíferos, incluido el gato montés, se enfrentan a un grave declive. En respuesta a esta preocupante situación, abordamos juntos este desafío y trabajamos en colaboración con los gobiernos nacional, provincial y local, así como con numerosas instituciones, organizaciones de la sociedad civil y la comunidad en general.

Lucila Castro, presidenta de Natura Argentina, nos habla del poder de esta red: «En el equipo de Natura Argentina creemos que la conservación es un esfuerzo colectivo, y por eso nos sumamos al trabajo del GCWG con entusiasmo y compromiso. Nuestra participación se centra en compartir información clave sobre la presencia del felino en las áreas donde trabajamos, colaborar en estrategias para su protección y fortalecer redes de conocimiento con otras organizaciones y especialistas. Sabemos que cada dato, cada acción y cada alianza cuenta para asegurar el futuro de esta especie y su ecosistema”.

 

Un felino amenazado en Córdoba

El gato montés es un felino silvestre de tamaño mediano que habita en varias regiones de Argentina, entre ellas la provincia de Córdoba. Su población en esta zona se ve afectada por la pérdida de hábitat, la caza y los atropellamientos en rutas. Este felino es solitario y nocturno, caza principalmente roedores, aves, peces, anfibios y pequeños reptiles. Se reconoce por su pelaje ocre o gris con manchas negras bien definidas, orejas redondeadas con un ligero penacho y cola gruesa con anillos oscuros. A diferencia del gato doméstico, su cuerpo es más robusto y sus patas proporcionalmente más cortas.

 

En la región de Ansenuza, el gato montés habita en los montes y pastizales cercanos a la laguna, donde cumple un rol clave en el equilibrio del ecosistema como depredador de pequeños vertebrados, y regulando algunas poblaciones de roedores (potenciales plagas agrícolas y forestales) y especies exóticas invasoras como el conejo y la liebre europea. (Natura Argentina)

 

Buscar datos, pasar a la acción

En Natura Argentina hemos realizado relevamientos con cámaras trampa de mamíferos medianos y grandes en los bañados del humedal del río Dulce y la laguna Mar Chiquita. También hemos promovido la creación de la Red de Conservación para la Fauna de Ansenuza (RCFA), fomentando la participación de la ciencia ciudadana. Los datos recogidos nos ayudan a mantener actualizadas las líneas de base sobre mamíferos de este humedal de importancia internacional y a fomentar estrategias sobre las presiones a las que se enfrenta la biodiversidad.

Una amenaza clave que hemos identificado es el atropellamiento de fauna silvestre. Para hacer frente a este problema, colaboramos estrechamente con el gobierno provincial en estrategias de mitigación, como la señalización de rutas y caminos, y la formación de los trabajadores estatales.

Estas estrategias se refuerzan en las instituciones educativas y los eventos regionales con programas de educación ambiental, materiales gráficos informativos. También los pueden ver y descargar en nuestro sitio web.

En el humedal de Ansenuza, distintas acciones se desarrollan para mitigar el atropellamiento de fauna. Además, se promueve la educación ambiental en escuelas y eventos regionales.

 

Aunque el gato montés es un maestro del sigilo y rara vez se deja ver, su presencia es fundamental para la salud de los ecosistemas. Se adapta a diversos ambientes, desde bosques hasta pastizales, e incluso ha sido captado por cámaras trampa en sitios inesperados. Su futuro depende de nuestra capacidad para proteger su hábitat y reducir amenazas como la caza y el atropellamiento. Con el trabajo conjunto del GCWG y todas las organizaciones aliadas, seguimos apostando a un futuro en el que este pequeño felino siga recorriendo nuestros ambientes y dejando su huella.

El GCWG en instagram.

www.geoffroyscatwg.org

 

 

Con la reciente aprobación de la Reserva Natural Municipal “El Manchao” en Saujil, Catamarca da un paso histórico en la construcción de uno de los mosaicos de areas protegidas municipales más grande de Argentina, sumando cuatro municipios y más de 140 mil hectáreas protegidas.

En las últimas semanas, la comunidad de Saujil vivió una jornada memorable al celebrar la aprobación de su Reserva Natural Municipal, bautizada como “El Manchao”, en honor al cerro principal de la región. Con una extensión de 39.574 hectáreas, esta reserva se suma al esfuerzo colectivo que está transformando a las Sierras de Ambato en un espacio de conservación pionero en el país.

Es la última acción de una serie de debates, propuestas y colaboraciones para proteger las Sierras de Ambato, un cordón serrano que resguarda una gran cantidad de ambientes, donde se puede encontrar entre el 50 y el 70% de la flora y la fauna conocida para toda la provincia. Se trata de la tercera sierra pampeana más alta del país, productora de cuencas hidrográficas muy importantes para Catamarca.

Este trabajo es un testimonio del compromiso compartido entre gobierno y comunidades locales para garantizar un futuro sostenible.

Más de 140 mil hectáreas bajo protección en las Sierras de Ambato

Con la incorporación de “El Manchao”, el mosaico de conservación en Catamarca alcanza un total de 181.000 hectáreas distribuidas en cuatro reservas municipales:

  • Saujil: 39.574 hectáreas
  • Huillapima: 48.822 hectáreas
  • Capayán: 51.706 hectáreas

Este logro no solo marca un hito para Catamarca, sino que también posiciona a la provincia como un ejemplo y una posibilidad de planificación y gestión ambiental integrada entre municipios en Argentina. Las áreas protegidas del mosaico se conectan para la conservación de ecosistemas únicos, especies en peligro y valiosos recursos hídricos.

Las Sierras de Ambato tienen una gran diversidad de ambientes. Allí, podemos encontrar bosques montanos yungueños, bosques serranos de transición, prepuna con diversidad de cactus, pastizales de altura y ambientes altoandinos, y zonas de palmares autóctonos.

 

 

 

Valores de conservación en las Sierras de Ambato

Las reservas municipales del mosaico no solo protegen la biodiversidad, sino que también resguardan paisajes únicos, sitios arqueológicos y recursos hídricos esenciales. Cada hectárea de estas áreas protegidas guarda un tesoro invaluable.

Biodiversidad única

La región alberga especies icónicas como la taruca (Hippocamelus antisensis), el cóndor andino (Vultur gryphus) y la monterita serrana (Poospiza baeri), todas con un rol crucial en los ecosistemas de altura.

Es una zona llena de biodiversidad. Viven aquí cuatro especies de aves amenazadas y en retroceso a nivel internacional: la monterita serrana (Compsospiza baeri), el cóndor andino (Vultur gryphus), el vencejo pardo (Cypseloides rothschildi) y el loro alisero (Amazona tucumana)

Patrimonio arqueológico y cultural

Las Sierras de Ambato son un reservorio de historia y cultura viva. En ellas se encuentran sitios arqueológicos que narran la historia de las comunidades originarias y su relación con la naturaleza.

Estos vestigios son un puente entre el pasado y el presente, destacando la riqueza cultural de la región.

 

Conservación de cuencas hídricas

Los ríos Pomán y Mutquín, que nacen en las sierras, son esenciales para la vida local. Proteger sus cuencas no solo garantiza el acceso al agua, sino que también previene su contaminación.

Pato de torrente. Esta ave, característica de ríos de montaña, encuentra en estas aguas un hábitat perfecto para prosperar.

 

Flora y ecosistemas de altura

Los pastizales altoandinos, los bosques de arrayanes y los arbustales de prepuna son refugio de una biodiversidad excepcional. Plantas como la Passiflora umbilicata y animales como la mara dependen de la protección de estos ecosistemas.

Granadilla (Passiflora umbilicata) en las cumbres de Pomán. Esta planta rara de ver es un símbolo de la riqueza floral del noroeste argentino.

 

Un futuro en armonía con la naturaleza

Los municipios de las Sierras de Ambato han dado así un ejemplo inspirador de cómo integrar conservación y desarrollo sostenible. A medida que más municipios se sumen al mosaico, el impacto positivo en la biodiversidad, el turismo responsable y la calidad de vida de las comunidades será aún mayor.

Desde Natura Argentina, continuaremos acompañando este proceso, trabajando junto a los gobiernos locales, instituciones educativas y comunidades para implementar planes de manejo efectivos y asegurar que este patrimonio natural y cultural sea un legado para las próximas generaciones.

¡Gracias a todos los que forman parte de este esfuerzo colectivo para proteger la naturaleza! 

En el corazón de las Sierras de Famatina, junto a Natura Argentina y los municipios de Chilecito y Gral. Lamadrid, realizamos un relevamiento de senderos en busca de respuestas: ¿es necesario abrir nuevos caminos para conocer la montaña?

Así, recorrimos 92 km a lo largo de 17 senderos tradicionales utilizados para recreación y deportes, valorando su rol en la conservación y conexión de las personas con la naturaleza. Estas rutas brindan acceso a paisajes únicos, sitios donde existe una gran diversidad biocultural, los senderos nos conducen a territorios esenciales para la educación ambiental y la sensibilización.

Para enriquecer la experiencia, invitamos a la educadora Cynthia Dabul y al guardaparque Joaquín Piedrabuena de Proyecto Ambiental Escuela, quienes coordinaron talleres participativos con más de 70 personas del ámbito turístico. Los participantes crearon narrativas interpretativas para los senderos, enfocadas en el agua, la fauna, las plantas medicinales y la historia local, que se plasmarán en cartelería interpretativa.

Además, los guardaparques nacionales Lucas Fonzo y Javier Lucotti lideraron talleres prácticos de diseño y mantenimiento de senderos, fortaleciendo capacidades locales para preservar estos caminos como herramientas de conservación.

Queremos en esta nota invitarte a desandar ese recorrido, para descubrir la magia y la potencia de los senderos de montaña, y cómo puede cambiar la vida de las personas, llevándolas a descubrir la naturaleza.

Espacios de descubrimiento: cómo los senderos pueden convertirse en un territorio de educación ambiental

Además de su función práctica, los senderos son espacios en los que las personas tienen la oportunidad de vincularse con la naturaleza, recorrerla y descubrirla. Así permiten a las personas, locales y turistas, aprender sobre la importancia de la conservación de los ecosistemas regionales, promoviendo actividades recreativas al aire libre. Los senderos tienen el potencial para convertirse en herramientas de educación ambiental y sensibilización sobre los lugares que invitan a recorrer. 

senderos montaña

Además de su función práctica, los senderos son espacios en los que las personas tienen la oportunidad de vincularse con la naturaleza.

Pero los senderos también son frágiles: es el suelo desnudo, una especie de cicatriz en la piel del paisaje, por eso es importante que sean sostenibles. Sin el diseño y mantenimiento adecuado, pueden convertirse en un problema para la conservación del suelo, la vegetación y el ecosistema natural.

En el corazón de las Sierras de Famatina, La Rioja, desde Natura Argentina junto a los municipios de Chilecito y Gral. Lamadrid, una experiencia nos enseña algunas ideas sobre la efectividad de las propuestas para revalorizar estos espacios y ponerlos  a disposición de la conservación. 

Para iniciar esta tarea nos preguntamos: ¿es necesario abrir nuevos senderos para conocer la montaña? 

Caminamos kilómetros de montaña para entender a los senderos, sus posibilidades y amenazas, desde sus huellas.

 

Esa inquietud nos movilizó para relevar 17 huellas, sendas y picadas a lo largo y ancho de las Sierras de Famatina, recorriendo más de 92 kilómetros desde junio a diciembre de 2023. Muchos de esos espacios son utilizados tradicionalmente para recreación, deportes, y otras actividades.

Los senderos ofrecen acceso a lugares únicos, patrimonio cultural y natural, vistas increíbles y experiencias inolvidables.

Los relevamientos nos permitieron tomar decisiones informadas para, junto a los municipios colaborar en el mantenimiento y readecuación de algunos de estos lugares, acompañando con herramientas de educación ambiental e interpretación del patrimonio.

Los senderos conducen a territorios llenos de imaginarios del pasado, presente y futuro de la montaña.

 

Un sendero, muchas historias…

Para iniciar esa tarea convocamos a la Lic. en Ciencias de la Educación Cynthia Dabul y al guardaparque Joaquín Piedrabuena, de Proyecto Ambiental Escuela; una escuela de educación ambiental y equipo de consultoría especializado en conectar a las personas con la naturaleza como estrategia de transformación social.

Junto a ellos, organizamos talleres presenciales en ambas localidades, donde participaron más de 70 personas vinculadas al turismo. El propósito fue compartir herramientas de interpretación del patrimonio, para que los participantes aprendieran técnicas que enriquecieran la experiencia de los visitantes, ayudándoles a crear una conexión significativa con el entorno.

Durante los talleres, Cynthia y Joaquín propusieron a los participantes crear sus propias narrativas para los senderos, reconociendo que un mismo camino puede transmitir múltiples mensajes según la mirada de cada persona. Así, cada grupo desarrolló cuatro propuestas de interpretación diferentes, resaltando temas como el agua, la fauna, las plantas medicinales y las historias de los antiguos pobladores.

A partir de estas narrativas colectivas, se diseñará la cartelería interpretativa que se colocará en los senderos, mostrando a los visitantes la visión y valores de las comunidades locales.

 

¿Por qué trabajamos en talleres participativos?

De la teoría a la práctica, ¡pasamos a la acción!. Trabajando en los senderos, se hace camino al andar.

Construir un sendero y mantenerlo es un oficio, y buscamos que cada actividad que emprendemos también sea una instancia de fortalecimiento de capacidades. Por eso convocamos a guías, estudiantes y personal del municipio para que puedan formarse en la práctica del diseño, construcción y mantenimiento de senderos. Esta actividad estuvo a cargo de los guardaparques nacionales Lucas Fonzo y Javier Lucotti, quienes compartieron su vasta experiencia en el manejo de senderos en áreas protegidas y senderos naturales. La senda trabajada fue la que conduce a la Estación 3 “El parrón” del Cable Carril, que inicia desde el puesto de Don Abraham. 

De esta forma el conocimiento teórico pasó a la práctica, para que las personas participantes puedan aplicarla en otros espacios. Ya que es fundamental que los senderos sean mantenidos con regularidad para asegurar que cumplan su rol en la conservación, y a su vez brinden la mejor experiencia posible a quienes los recorren.

La educación ambiental nos propone acercanos a los senderos desde el involucramiento, el respeto y el disfrute con la naturaleza.

Equipos de mantenimiento, guías turísticos y de montaña, estudiantes y personas interesadas en contribuir al cuidado y sostenibilidad de las Sierras de Famatina pudieron reflexionar sobre la importancia de cuidar estos espacios, no solo para el disfrute de los visitantes, sino también para la preservación de los ecosistemas locales. Sabiendo que cada persona que recorre los senderos es una oportunidad para sembrar la semilla del respeto y la conservación, asegurando que los pequeños tesoros escondidos en la senda perduren por generaciones.