Tag Archive for: conservación

En el marco del proyecto de conservación de ecosistemas naturales que promueve Natura Argentina junto a actores locales, se realizó un ciclo de conversatorios en el que se abordaron temas como el uso tradicional de plantas locales, la importancia del agua, la vulnerabilidad del sistema hídrico frente al cambio climático, la conservación de la fauna nativa, el turismo sostenible y las áreas protegidas. Los participantes resaltaron la necesidad de cooperación entre organizaciones, instituciones y la comunidad, para lograr una conservación efectiva.

 

El objetivo del ciclo fue construir estrategias de conservación que enriquezcan el patrimonio cultural y promuevan la participación ciudadana en la protección de las Sierras de Famatina y sus áreas circundantes. 

Conocer para cuidar, y encontrarse para fortalecer vínculos comunitarios e intercambiar saberes. Estos fueron algunos de los deseos y objetivos que impulsaron la realización de cuatro encuentros co-organizados por el equipo de Natura Argentina, junto a estudiantes y docentes de la Licenciatura en Producción Vegetal, Hidrogeología y Turismo Ecológico de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR) – Sede Regional Villa Unión (Departamento Coronel Felipe Varela); y del profesorado en geografía del Instituto Superior de Formación Docente (ISFD) “Profesor Víctor Mauricio Quintero” (Villa Castelli – Departamento General Lamadrid).

Experiencias de turismo sostenible, la importancia de la flora y fauna nativa, pero sobre todo el indiscutible valor del agua, guiaron este ciclo pensado como un espacio para conversar sobre los valores de conservación de las Sierras de Famatina. El conocimiento científico y los saberes tradicionales, se complementaron para aportar a la construcción de una mirada integral del territorio.

Fusión del Río Aguas Negras y el Río Oro. Las Sierras de Famatina son necesarias para la regulación y la disponibilidad del agua en cantidad y calidad en la región.

 

Un viaje a través de la flora en las Sierras de Famatina

Con aroma a jarilla, molle y algarrobo inició el primer encuentro, que convocó a Jorge “Chinano” Molina, Belén Bordón, Ricardo Zapata, Marisol Ortiz y Humberto Cerezo, quienes dieron el puntapié inicial en la charla sobre la flora de las Sierras y sus usos tradicionales. 

Chinano, artesano textil y educador de Villa Castelli, cuyos conocimientos provienen de una larga tradición familiar, explicó el uso de plantas locales en la tintura de hilados y resaltó la importancia del agua como fuente de vida para los dos valles: “Nos permite cultivar y esas plantas sirven para teñir (…) Uno tiene que tomar de la naturaleza lo que necesita para subsistir, no con codicia y avaricia, porque así uno destruye la tierra”. 

 

Con jarilla, tintitaco, molle, jume, algarrobo, cachiyuyo y atamisqui, Jorge tiñe las lanas de manera artesanal, preservando las enseñanzas de su madre.

 

 

Otra invitada, Belén (profesora de geografía) focalizó su intervención en el uso medicinal de la flora, a lo que se sumó Ricardo (ingeniero agrónomo) que hizo hincapié en la importancia de generar conocimiento sobre la diversidad de la flora de las Sierras y de sus propiedades para poder darle valor y aprender sobre sus posibles usos y los aportes que hace a la calidad de vida de las comunidades. Ricardo también resaltó la importancia de conservar los recursos, especialmente el agua, que es esencial para las personas, plantas y animales.  

Por su parte, Marisol, técnica de producción vegetal, presentó los resultados de su investigación sobre las  formas de germinación de las semillas de algarrobo, y llamó la atención sobre la necesidad de preservación de los bosques de la zona. 

Para finalizar, Don Cerezo, poblador de Villa Unión y dueño de “La Yuyería”, un local de venta de yuyos serranos, remarcó la importancia de recolectar las especies de forma responsable, teniendo en cuenta las zonas, la época y la forma en la que se lleva adelante la actividad, manteniendo vivo el conocimiento ancestral.

Vecinos y vecinas, estudiantes, docentes y autoridades de la UNLaR sede Villa Unión, que dieron inicio al ciclo de conversatorios.

 

El agua en la montaña: reflexiones desde la hidrogeología, la gestión hídrica y la práctica comunitaria

En una tarde primaveral de octubre, la sede de la UNLaR en Villa Unión fue el lugar de encuentro para continuar intercambiando saberes sobre conservación.

Esta vez, Esteban Miguel, Violeta Tejada y César Vega reflexionaron sobre el valor del agua en la montaña.  La Licenciada en Hidrogeología Violeta, se refirió a los bienes y servicios ecosistémicos asociados al sistema hídrico de las sierras, destacando su vulnerabilidad ante el contexto de cambio climático que afecta la vida de la flora y fauna de la región, produciendo el retroceso de glaciares, y pudiendo causar fenómenos climáticos más extremos. 

“Conservar la Sierra de Famatina es importante para las comunidades de los valles adyacentes, ya que actúa como una fábrica natural que almacena y regula el agua para la región. Los glaciares presentes en las alturas de la montaña desempeñan un proceso significativo al almacenar y distribuir gradualmente a través de ríos, vertientes, vegas y agua subterránea, abasteciendo así a las poblaciones locales para su consumo y bienestar general”, detalló la Licenciada Tejada.

Para entender esta idea se puede pensar que las Sierras funcionan como el tanque de agua de una casa, que se recarga a través de las precipitaciones, permitiendo la disponibilidad y distribución de agua.

 

 

A continuación, Esteban Miguel, doctor en Ciencias Exactas y técnico especializado en gestión hídrica, habló sobre el ciclo hidrológico, explicando cómo funciona a nivel global pero también a escala regional en las Sierras de Famatina. Para finalizar, el presidente del Consorcio de Agua del Departamento General Felipe Varela, Don Vega, explicó cómo nació el Consorcio. Se formó en 1998, impulsado por productores de la zona con la necesidad de establecer una distribución equitativa del agua para sus cultivos. Aportó datos sobre su utilización, que tiene como prioridad el consumo humano, la producción agrícola/ ganadera,  y se nutre en mayor parte del agua proveniente de las sierras.

Diálogo sobre la convivencia entre fauna nativa y comunidades en las Sierras: Desafíos y propuestas para la conservación

El tercer encuentro del ciclo convocó a Franco Barrera, María Laura Steffolani, Alejandro Agüero y Juan Martín Tello, para dialogar sobre la importancia de la fauna nativa y su convivencia con las comunidades. 

El guanaco es una especie protegida en La Rioja (Ley 7695/04), permitiendo su uso racional y prohibiendo de forma absoluta la caza.

 

 

 

 

El intercambio giró en torno a los desafíos para la conservación de las especies, y la importancia de las sierras en el desarrollo del turismo. También se compartieron propuestas para mitigar los efectos del cambio climático, siendo la cooperación articulada entre organizaciones, instituciones y comunidad la acción destacada.   

Partiendo de la premisa de que para conservar hay que conocer, la bióloga Laura Steffolani compartió información general sobre la fauna en las sierras, invitando al público a  diferenciar entre las especies nativas y endémicas; reflexionando sobre el rol que cumplen en los ecosistemas y cómo su presencia influye en la calidad de vida de las comunidades humanas que habitan esta región.  

Por su parte, el biólogo Alejandro Aguero se explayó sobre la importancia de los ecosistemas de montaña en la provisión de agua para las comunidades locales y la fauna, refiriéndose a dos especies en particular: la taruca y el guanaco. Para finalizar aportó una mirada amplia de la situación explicando que no se trata de conservar una especie, sino de entender que es un sistema que debe sobrevivir, en el que los seres humanos son un elemento más.

Alejandro Aguero es docente investigador dentro del campo de las ciencias biológicas, especializado en ecología y manejo de fauna silvestre con relación a cambio de usos de la tierra y desarrollo territorial.

Juan Martin Tello compartió sus vivencias como pastor de ganado, dando un lugar especial a la conexión que se crea con el entorno, la cual permite desarrollar saberes más profundos sobre las plantas medicinales, los animales y sus ciclos.  Remarcó que las personas son parte viva de las sierras y un factor clave en la conservación.

Martín Tello es técnico agropecuario, su labor en las Sierras se enfoca en la cría y el manejo de ovejas, tarea en la que aplica conocimientos adquiridos por su formación y usanza de vivir en la región, cuidando la fauna y flora local.

 

El turismo, una herramienta importante para la participación ciudadana en la conservación

Más de 200 personas participaron de este ciclo, aportando sus conocimientos y experiencias para contribuir a la conservación de las Sierras de Famatina.

Para finalizar este ciclo la temática elegida fue “Turismo sostenible y áreas protegidas”. Contó con la presencia de la bióloga Cristina Casavecchia, los licenciados en turismo Fabián Páez  y Santiago Croci. Las reflexiones giraron en torno a la participación ciudadana y la promoción de procesos de buena gobernanza en la creación de áreas protegidas; el rol de la gestión pública en las políticas turísticas, especialmente en lo relacionado a la actualización y cumplimiento del marco legal; y la importancia del turismo sostenible en la socialización de herramientas y acciones para crear conciencia y estimular la participación de la ciudadanía en la conservación de las Sierras y sus áreas de influencia. 

Quienes formamos parte del equipo de Natura Argentina, trabajamos para construir estrategias efectivas de conservación, que contribuyan al enriquecimiento del patrimonio cultural, desarrollen acciones de incidencia política dialogadas, consensuadas, colaborativas y con impacto a largo plazo. Es por eso que apostamos a estos espacios de intercambio de saberes, donde se comparte información amplia y diversa a toda la comunidad.  ¡Hasta el próximo encuentro!

——

La memoria y la identidad se construyen haciendo un doble ejercicio: mirar hacia atrás y hacer permanecer. Invitamos a descubrir las Sierras de Ambato: para percibir e integrar esa historia que está ahí, al alcance de todas las personas, y que forma parte de nuestra vida.  Co-crear áreas protegidas, como una manera de mantener vivo ese legado cultural, honrar los orígenes, las formas de vida y producciones actuales, junto a la conservación de los bienes naturales.

 

“Paisajes de Catamarca 

con mil distintos tonos de verde 

Un pueblito aquí, otro más allá. 

Y un camino largo que baja y se pierde.”

Rodolfo Polo Giménez

 

Esta canción -más conocida por la interpretación de Los Chalchaleros- describe la cuesta del portezuelo, sus costumbres, y un poco de la idiosincrasia catamarqueña. Suele ser lo primero que describen quienes ven Catamarca por primera vez:  los mil tonos de verde, y sus caminitos, hacen de este lugar un sitio maravilloso.

Las Sierras de Ambato se erigen en la región central de la provincia, como una columna vertebral rodeada de vida a su paso. Los matices naturales son tan diversos que parecieran muchas regiones en una: Yunga con verdes intensos, un Bosque chaqueño pintado de quebrachos y algarrobos, la Prepuna y esos cardonales antiguos que parecieran tener memoria. Montes de Sierras y Bolsones: estepas arbustivas que caen silenciosas por los valles. Los Altos Andes, ecorregión que nos conecta, mediante la vértebralidad de la cordillera a esta parte sur del mundo, con el resto de América Latina. Un crisol de ecorregiones.

Pero no solo se trata del verde y la naturaleza exhuberante: en cada uno de los rincones de las Sierras de Ambato hay historias, leyendas, formas de vida que componen un vasto patrimonio cultural.

Un reconocido antropólogo, Llorens Prats, definió al patrimonio cultural como un conjunto de bienes tangibles e intangibles, que se hallan en una cultura o en un pueblo. Desde esta perspectiva, sabemos que es posible encontrar registros, voces, costumbres y narrativas que describen el paisaje. 

El patrimonio se constituye entonces no solo como aquello que se percibe desde el entorno natural, sino también eso que sentimos o percibimos cuando contemplamos lo que nos rodea. La idea de patrimonio también es dinámica, ya que no es algo que comienza y termina, sino que se puede transmitir de generación en generación, se recrea constantemente.

Según este mismo autor, el patrimonio cultural intangible se ha revalorizado no sólo como fuente de diversidad, identidad, creatividad de los pueblos y como práctica y conocimiento de quienes lo portan, sino también como una construcción social.

Es en este mismo sentido que las áreas protegidas son una oportunidad para la permanencia del patrimonio cultural y natural de este pedacito de la Argentina.

 

Pedacitos de memorias. Instalaciones de la finca Mischango. Familia Losso.

 

La riqueza patrimonial de este pedazo de Catamarca está a la vista, acompaña el paisaje y a su gente en cada uno de los lugares en donde este cordón montañoso alberga un pueblito aquí y otro más allá.

 

El Manchao: el hechicero del alto guarda nuestra memoria

 

Se cree que la palabra “Ambato” proviene del dialecto kakan –la lengua de las comunidades Diaguitas que habitaron esta zona y del quechua “An-Huatu”, que significa “hechicero del alto. “Manchao”, se compone de la raíz “manch”: miedo, y “ao”: lugar. Es decir, el cerro Manchao: el punto más alto del cordón montañoso, el lugar del miedo. 

 

El Cerro El Manchao, de 4550 msnm, el más alto de de la cadena montañosa del Ambato, en la provincia de Catamarca. Su nombre significa “lugar de miedo“.

Hay quien dice que a los cerros se les pide permiso para escalarlos, para transitar sus senderos, ofrecer una plegaria, dejar una apacheta, mostrar respeto. El Manchao convoca a un misticismo particular. Tiene una impronta imponente, de laderas abruptas y rocas prominentes, y su cima, de 4.552 metros de altitud sobre el nivel del mar, está a veces teñida de blanco por las nevadas. 

Hay en esta imponencia múltiples historias que se tejen en la memoria de los pueblos. El diálogo de saberes y la sacralidad de la naturaleza en torno a lo que se percibe del lugar, cobra vida en imágenes y testimonios de los habitantes de estas tierras.

Estas historias permanecen, se reinventan y están ahí otorgándole sentido a lo que vemos.

 

Una vieja bodega a los pies del Manchao. Historia de una producción vitivinícola de las personas que llegaron a estas tierras.

 

Una canción que seguirá siendo cantada

 

Considerar el patrimonio cultural, apreciarlo en forma de canción, poema, leyenda o relato nos  conecta con lugares y personas. En este sentido, las áreas protegidas deben contemplar estas expresiones para que puedan perdurar no solo los bienes naturales y sus maravillas, sino también las identidades de las comunidades que viven allí.

Andando por esos caminos “que bajan y se pierden”, tal vez logremos percibir e integrar esa historia que está ahí, al alcance de todas las personas, y que forma parte de nuestro patrimonio. Es que la memoria y la identidad se construyen haciendo ese doble ejercicio, mirar hacia atrás y hacer permanecer. La conservación implica todo esto. 

Recuperar saberes sobre los valores de conservación: que incluyen la fauna, flora y cursos y cuencas de agua pura del lugar, sus habitantes, prácticas y costumbres. Y tener presentes las amenazas, entendido como todo aquello que van en detrimento de estos valores: como por ejemplo, prácticas extractivas como la minería a cielo abierto, que sabemos existen en este  territorio. 

Co-crear áreas protegidas, es una manera de mantener vivo ese legado cultural, honrar los orígenes, formas de vida y producciones actuales junto a la conservación de los bienes naturales.

 

——

Acompañanos en nuestra aventura de descubrir y registrar especies, para conocer y re-conocer esos paisajes tan diversos e increíbles de Córdoba.

El tapetí (Sylvilagus brasiliensis), un pariente cercano del conejo, es muy difícil de ver.  Una esperanza de que este y otros mamíferos pueden sobrevivir en una región caracterizada por la fragmentación del hábitat y la rápida deforestación.

 

Esa mañana de marzo, el equipo del Proyecto Ansenuza de Natura Argentina estaba listo a las 7:08 am para salir. Cintos de seguridad ok, mochilas ok, elementos de acampe ok, y por supuesto, nuestro fiel compañero: el equipo de mate.

El norte cordobés, coronado por zigzagueantes quebrachales, nos escoltaba por el camino de tierra para darnos una gran sorpresa que no esperábamos. Aunque un miembro del equipo ya había confesado tener un presentimiento.

Estábamos trabajando en una investigación y relevamiento de mamíferos, en diferentes puntos alrededor del Parque Nacional y Reserva Nacional Ansenuza, como también en la Reserva de Usos Múltiples de la provincia de Córdoba.

Recorriendo el bosque chaqueño cordobés con nuestro fiel compañero: el equipo de mate.

El objetivo de este viaje era retirar un grupo de cámaras trampas que habían sido colocadas allí el año anterior, para descubrir qué tipo de fauna protege nuestro hermoso bosque chaqueño cordobés. Estas cámaras son uno de los mejores dispositivos para estudiar mamíferos. Al captar movimiento frente a ellas, emiten un imperceptible pestañeo y ¡voilà!, en una pequeña tarjeta de memoria, queda guardado ese instante en una imagen digital. Estos dispositivos son super útiles e interesantes para quienes hacemos relevamientos de especies en los diferentes ambientes naturales que estudiamos, ya que pueden camuflarse y además, son menos invasivos en relación con otros métodos.

Las cámaras trampa son dispositivos útiles para relevar especies, ya que pueden camuflarse en diferentes ambientes y son un método poco invasivo.

Se terminaba un día de mucho calor y, aunque contábamos con un GPS que nos facilitaba ubicar el punto exacto donde estaba cada cámara, atravesar los arbustales y pastizales -con la particular característica que tiene el Bosque Chaqueño- nos tomó su tiempo y más de un rasguño.

Atardecer en el gran humedal de la laguna Mar Chiquita y bañados del Río Dulce.

El sol empezó a atenuar su brillo, y los colores rojizos y azulados del cielo se empezaron a difuminar: el monte se cierra y su oscuridad se empieza a tragar los pasos que quedan por detrás, nuestras voces se empiezan a callar y los sonidos nocturnos toman protagonismo. Contemplar este momento único, donde todos somos parte de lo mismo, es uno de los instantes más gratificantes de este trabajo.  Después de recuperar las últimas cámaras, era momento de regresar a descansar.

 

Un encuentro inesperado

Una vez de regreso a nuestro lugar de acampe, estratégicamente elegido bajo un algarrobo anciano para que su amplia copa protegiera nuestras carpas del rocío y la fresca brisa nocturna, decidimos empezar a organizar nuestra cena y a pesar de estar algo cansados, no quisimos esperar. Nos ganó la ansiedad y con mate en mano, prendimos las computadoras y empezamos a hacer una exploración fugaz por las miles de fotos que se habían guardado. Sabíamos que cuando regresáramos a la oficina esta labor sería más exhaustiva, precisa, y tomaría semanas (¡incluso meses!). 

Fue cuestión de minutos hasta empezar a mencionar el nombre de las especies que iban apareciendo.

¡Un zorro gris!, ¡mirá, la corzuela, qué lindos cuernos!, ¡un zorrino con su mamá!

Hasta ese momento todo era alegría y pasión por ver a los bichos libres y en su hábitat, simplemente siendo… Y, de repente… Una voz en tono afirmativo grita: ¡TAPETI!

Y seguidamente interroga, ¿Tapeti?… ¡Sí! Confirmó la voz del compañero a su lado, y todos corrimos a observar la foto que aparecía en la computadora. 

Ahí estaba este mamífero, cualquier inexperto lo habría confundido con un conejo común, pero nosotros éramos el Equipo Ansenuza, y sabíamos lo que ese registro significaba, era como un premio al esfuerzo del día, el equipo que no se podía ir a dormir sin descubrirlo.

Descubriendo al tapetí, una especie en peligro crítico.

 

Pero, ¿qué tiene de sorpresivo este registro? Volvamos unos años atrás…

Hasta el año 2017, este bonito conejo autóctono solo contaba con un registro documentado para la provincia de Córdoba, en el año 2000, aproximadamente. Una de las incógnitas era si seguía habitando los bosques cordobeses. Luego, con el uso de cámaras trampa en la región, se lograron dos nuevos registros para los años 2017 y 2018. Este grandioso hallazgo confirmaba que aún está habitando la zona y que, indudablemente, forma parte del grupo de los mamíferos cordobeses.

No alcanzamos a celebrar demasiado esa noche. Fue tan grande la emoción por confirmar su presencia que el equipo salió de nuevo a campo.

¡Sí, así como leen! Nos calzamos botas, polainas, campera y linterna en la frente, para nuevamente adentrarnos al oscuro monte cordobés, rumbo a la posición estricta donde había estado la cámara que había fotografiado al Tapeti. Para nuestra sorpresa, y como quien espera a un amigo con novedades en su casa, allí estaba el ejemplar de TAPETI.

¡Fa! ¡Qué suerte tuvimos!.

El tapetí es de hábitos nocturnos. Mide hasta 40 centímetros, y vive en ambientes de bosque y selva del norte del país.

 

Nuestras caras no reflejaban otra emoción más que la de sorpresa, ¿nos habrá estado esperando? Nunca lo sabremos, pero sí fue un excelente momento para volver a fotografiarlo, esta vez en vivo y en directo y no solo con nuestras cámaras digitales sino con nuestras propias pupilas. Una noche inolvidable para todo el equipo.

 

El tapetí, de hábitos nocturnos

El Tapetí, cuyo nombre científico es Sylvilagus brasiliensis, es un pequeño mamífero que mide de 26 a 40 centímetros de largo, con una cola de 1 a 3,5 centímetros. Tiene orejas y patas más cortas en relación con la liebre, una especie introducida similar. Pesan de 0,7 a 1,3 kg y tienen cabeza redondeada, ojos grandes y oscuros, y pelaje corto y denso de color pardo grisáceo jaspeado de negro. Detrás de los ojos, presentan una manchita clara, mientras que la garganta, el vientre y el interior de las patas son blancos.

Hasta ahora, solo se conocían observaciones eventuales del tapetí en Córdoba. Fotografía: Francisco Rebollo Paz.

Este fascinante animal vive en ambientes de bosques, selvas y montes chaqueños del norte del país. Es de hábitos solitarios y de actividad nocturna, y se mueve caminando o mediante saltitos por el suelo del bosque. Durante el día es difícil verlo, ya que duerme en huecos de troncos caídos y, cuando es sorprendido, permanece inmóvil y escondido en la vegetación debido a su carácter tímido. Su alimentación se basa en tallos, hojas y raíces.

 

En peligro crítico

El descubrimiento de esta especie en el humedal de Ansenuza nos alerta sobre la importancia de contar con parches de bosques en buen estado de conservación, conectados íntegramente, que permitan la continuidad de sus poblaciones, al igual que sucede con muchas otras especies de mamíferos.

Es importante mencionar que la clasificación taxonómica de esta especie es un enigma para muchos investigadores. Se está estudiando si el Tapetí no será, en realidad, un complejo de más especies, similares y muy emparentadas entre sí. Además, hay escasos conocimientos sobre sus hábitos y comportamiento, lo que hace de su estudio un desafío apasionante para los científicos.

En cuanto a su conservación, a nivel nacional no está considerada amenazada (Res. 316/2021). Sin embargo, en la provincia de Córdoba, el Tapetí se encuentra en peligro crítico según la última categorización del estado de conservación de los mamíferos (Res. 334/2019 de la Secretaría de Ambiente). Esto se debe a las amenazas que enfrenta, como la pérdida de hábitat, la depredación por perros, el atropellamiento en rutas, la caza directa ilegal y el impacto de las especies exóticas invasoras, como la liebre, con la que compite.

“El equipo de Natura Argentina se siente orgulloso y emocionado por este descubrimiento. Nuestro trabajo de investigación y relevamiento de mamíferos nos ha permitido conocer y valorar la riqueza natural de la región, y cada hallazgo nos motiva a seguir trabajando en la conservación de estas especies y sus hábitats”.

El descubrimiento de nuevos lugares donde habita esta especie en el humedal de Ansenuza es un hito importante para la conservación y el conocimiento de la biodiversidad en la región. El trabajo realizado por el equipo del Proyecto Ansenuza de Natura Argentina, en colaboración con la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente de Córdoba, ha permitido obtener valiosa información sobre la presencia y distribución del Tapetí en el área.

La utilización de cámaras trampa ha sido fundamental para el estudio de esta especie y de otros mamíferos en los diferentes ambientes naturales. Estos dispositivos son menos invasivos y permiten captar imágenes de los animales en su hábitat, brindando datos precisos sobre su comportamiento y movimientos. Gracias a las cámaras trampa, se ha podido documentar la presencia del Tapetí en varias ocasiones, lo que confirma su persistencia en los bosques cordobeses.

Este descubrimiento no solo representa un logro científico, sino también una llamada de atención sobre la importancia de conservar y proteger los bosques y humedales de la región. El Tapetí es solo una de las muchas especies que dependen de estos ecosistemas para su supervivencia. Su presencia nos recuerda la necesidad de mantener los hábitats naturales y garantizar la conectividad entre ellos, para asegurar la continuidad de las poblaciones de mamíferos y preservar la diversidad biológica de la provincia.

 

Presentamos los resultados de la Identificación de Sitios Candidatos para la creación de áreas protegidas nacionales en la provincia de Catamarca.

Durante los meses de septiembre y octubre de 2021, los equipos de la Administración de Parque Nacionales (APN) y Natura Argentina trabajaron en la construcción de una evaluación ambiental multicriterio, con el objetivo de identificar Sitios Candidatos, con altos Valores de Conservación, para la creación de la primera área protegida nacional en Catamarca.

Ante el interés declarado por parte de la APN y el gobierno de la provincia de Catamarca para la creación del primer Parque Nacional catamarqueño, y la gran diversidad de ecosistemas y paisajes que la provincia presenta, se emprendió un fructífero trabajo técnico y colaborativo para aportar a este proceso. Los equipos técnicos trabajaron en conjunto, recopilando información disponible sobre los aspectos ambientales del territorio provincial, capas de información relacionadas con usos del suelo, datos de campo y publicaciones referidas a la biodiversidad, entre otras fuentes para realizar el análisis.

Según Cristina Casavecchia -asesora en planificación y gestión de conservación y áreas protegidas de Natura-: “Son de gran importancia los abordajes técnico-científicos como este, para trabajar en la priorización estratégica de sitios potenciales para ser declarados como áreas protegidas. Natura Argentina contribuye así con su trabajo en este proceso y destaca la importancia de la colaboración interinstitucional, como es el caso de esta experiencia entre APN y una ONG como Natura”. 

Se llevaron a cabo numerosas reuniones técnicas de coordinación y talleres virtuales, en los que participaron profesionales de ambas instituciones, con diferentes experiencias relevantes para el proceso. Se lograron definir y ponderar los principales criterios de clasificación, de manera específica para cada una de las cinco ecorregiones de la provincia de Catamarca: Monte de Sierras y Bolsones, Yungas, Chaco Seco, Puna y Altos Andes. 

Los criterios fundamentales definidos se vincularon con el agua, los glaciares, la vegetación y los bosques nativos, el impacto de actividades antrópicas y sitios específicos de importancia para diversas especies

Como resultado del análisis multicriterio, las áreas priorizadas con una superficie mayor a 10.000 ha fueron: 1) Salinas Grandes, 2) Bolsón de Pipanaco, 3) Seis Miles (norte), 4) Aconquija catamarqueño, 5) Seis Miles (sur). Cabe destacar que las Sierras de Narváez también se posicionan como un sitio candidato, si bien no se encuentra dentro de los 5 más relevantes. 

Para la directora de Natura Argentina, Lucila Castro, “las herramientas y los resultados obtenidos en este trabajo constituyen un insumo estratégico base para la toma de decisiones, relacionado con los valores de conservación de la provincia de Catamarca y de la Nación Argentina”. 

Es de esperar que, en instancias futuras, se desarrollen evaluaciones más detalladas de manera conjunta con actores claves, sobre la factibilidad de los Sitios Candidatos, u otros sitios propuestos. Para Castro, “el objetivo será alcanzar una propuesta de área protegida nacional, robusta técnicamente, eficaz en la representación de ecorregiones a escala nacional, bajo una figura de protección, y que proteja el patrimonio natural y cultural valorado por la comunidad catamarqueña y argentina”.

Natura Argentina se pone a disposición para acompañar al Gobierno de Catamarca en buscar y desarrollar de manera conjunta evaluaciones más detalladas de factibilidad de los Sitios Candidatos, u otros sitios propuestos, a partir de un trabajo interinstitucional, colaborativo, mixto de gabinete y de campo. 

Aquí se puede consultar el informe completo.

Cuando se nombra la provincia de Santiago del Estero en lo que se suele pensar es en una chacarera, el calor agobiante, el bosque nativo con sus Quebrachos, e incluso algunas veces, en el famoso Río Dulce. Este río recorre la provincia de norte a sur y pocos conocen el secreto que esconden sus aguas al unirse con la laguna Mar Chiquita, en el extremo sur de la provincia.   

Es justamente en este sector donde el Río Dulce forma un increíble delta que, junto a la laguna, conforman un enorme humedal de un millón de hectáreas, el mayor humedal salino de Sudamérica. Lo que más se destaca de este ecosistema es su gran biodiversidad, lo cual otorga a los bañados del Río Dulce una gran importancia ambiental.

En sus diversos ambientes acuáticos se concentran miles de aves coloniales y migratorias que sustentan más del 1% de sus poblaciones a nivel global, que es lo mismo a decir que son cientos de miles de individuos. En los ambientes terrestres asociados también se encuentran especies de mamíferos amenazadas como el yaguarundi (Herpailurus yagouaroundi), el pecarí de collar (Pecari tajacu), la tortuga terrestre (Chelonoidis chilensis), el lobito de río (Lontra longicaudis), el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) y numerosas especies de anfibios, reptiles y peces.  

Una parte de este humedal se encuentra en la provincia de Córdoba y otra en la provincia de Santiago del Estero. El área correspondiente a Córdoba es reconocida como sitio RAMSAR y el sector de la laguna Mar Chiquita forma parte de la Red Hemisférica de Aves Playeras. Esta provincia designó el humedal como Reserva Provincial de Uso Múltiple, una categoría relativamente débil que no alcanza para garantizar la conservación de sus valores naturales y culturales. Esto ha llevado a una campaña provincial, nacional y global  para convertir esta zona en Parque Nacional. En dicha estrategia -liderada desde el tercer sector por Aves Argentinas y apoyada por nosotros y numerosas organizaciones e instituciones- trabajaron todos los niveles de gobierno. 

En Córdoba, desde 2017, se han realizado trabajos fundamentales para lograr la declaración, y ya está muy cerca la creación del Parque Nacional Ansenuza, aprobada por la legislatura de Córdoba. Ahora es el turno del gobierno nacional, ya que la ley tiene que ser tratada en la Cámara de Diputados, y en la de Senadores. A pesar de todos estos importantísimos avances, el área correspondiente a Santiago del Estero carece de protección legal o designación internacional, y hasta hace muy poco había poca información sobre qué especies estaban presentes en el lugar y sobre los pobladores que viven en estrecha relación con el humedal.  

El equipo de Natura Argentina trabaja desde 2019 en la zona de los bañados del Río Dulce, en la provincia de Santiago del Estero. Una de las principales actividades que estamos realizando junto con los pobladores locales, es actualizar la información sobre el conocimiento y utilización local de los ecosistemas y las diferentes especies que se pueden encontrar en los distintos ambientes de los bañados. 

Al trabajar con los pobladores locales afianzamos la construcción colectiva de conocimiento, uno de los pilares de nuestro trabajo en conservación. Gracias a estos diálogos, descubrimos cómo perciben su territorio, cómo se vinculan con el resto de las especies y sus ambientes, cómo creen que influyen los usos y las actividades que realizan en la salud del territorio y cómo son afectados por su dinámica diaria de trabajo. El conocimiento de los pobladores locales es clave en un proceso de construcción de estrategias para conservar los valores culturales y ambientales de un lugar, y las comunidades locales deben participar de las decisiones que se tomen al respecto, porque son parte del territorio a construir y los principales beneficiados. 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias al trabajo y la información social, pudimos identificar qué especies vulnerables suelen ser vistas, y en qué ambientes. Con estos saberes, salimos al campo a buscar las especies catalogadas en peligro de extinción o vulnerables según la lista de IUCN, gracias al apoyo de Rain Forest Trust. El trabajo técnico consistió en la colocación de cámaras trampa en diferentes puntos. Así pudimos realizar muestreos para poder observar huellas, avistar fauna y cualquier otro tipo de evidencias sobre la presencia de las especies. 

Estos esfuerzos dieron sus frutos y el equipo de trabajo logró registrar un total de 152 especies de aves, lo que representa el 39,3% del total de especies de aves citadas para la provincia de Santiago del Estero. De estas especies, 35 son migratorias y utilizan los humedales durante el verano para alimentarse y/o anidar. Además, se confirmó la presencia de 16 especies de mamíferos, seis reptiles, seis anfibios y tres especies de peces. De todas estas especies se destaca la presencia del flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), que suele verse durante el invierno y cuando el río sube y forma humedales.

 Crédito: Equipo Natura Argentina

Mediante las entrevistas, los pobladores locales confirmaron la presencia del águila coronada (Buteogallus coronatus), el pecarí chaqueño o quimilero (Catagonus wagneri) y la tortuga chaqueña o terrestre (Chelonoidis chilensis), especies catalogadas como vulnerables o en peligro de extinción por la UICN. Estas especies están asociadas a las zonas altas con bosque nativo en el margen de la depresión de los bañados del Río Dulce. 

Crear un área protegida (AP) en el delta del Río Dulce sería  un gran paso para la conservación de estos importantes humedales. Es una forma de resguardar los bienes y servicios que los pobladores locales utilizan para vivir, y un recurso para proteger los ecosistemas donde viven todas las especies que logramos identificar en los bañados del Río Dulce. Por esto, seguiremos trabajando en la zona, para avanzar con los estudios biológicos necesarios, para aumentar y actualizar la información sobre la presencia de las especies en categorías amenazadas o en peligro de extinción. También vamos a continuar en contacto con los pobladores locales, no solo para conocer sus opiniones, sino también para brindarles toda la información necesaria para que puedan ser parte de las distintas etapas de la creación de un AP.

 

El reconocido actor y ambientalista Leonardo DiCaprio publicó en sus redes sociales un pedido dirigido al Congreso de la Nación Argentina, solicitando el tratamiento del proyecto de ley para la creación del Parque y Reserva Nacional Ansenuza.

Leonardo DiCaprio solicitó a través de sus redes sociales al Congreso de la Nación el tratamiento del proyecto de ley para avanzar con la creación del Parque y la Reserva Nacional Ansenuza, recalcó también la importancia mundial que tiene este humedal. Este pedido se suma al realizado formalmente días atrás por Natura International Argentina y Aves Argentinas.

En agosto de este año se logró obtener la Ley Provincial por votación unánime de la legislatura de la provincia de Córdoba. Ahora, el pedido urgente es la media sanción de la Ley Nacional que permitirá avanzar con la creación de la Reserva y Parque Nacional Ansenuza. Tener esta área protegida es de vital importancia para asegurar la conservación del humedal conformado por la laguna Mar Chiquita y los bañados del río Dulce, un sitio clave para la conservación de la biodiversidad a nivel global y uno de los humedales más importantes de Argentina.

Lucila Castro, directora de Natura International Argentina, afirmó: “La creación del Parque Nacional Ansenuza permitirá proteger y desarrollar, junto con sus comunidades locales, uno de los ecosistemas más importante que tiene nuestro país”.

Para lograr la creación del Parque, hace falta la media sanción de la Cámara de Diputados en primer lugar, y luego de la Cámara de Senadores.

En su pedido DiCaprio sostiene: “El gobierno argentino está listo para dar los últimos pasos necesarios para hacer realidad el Parque Nacional Ansenuza. Esta designación es un sueño compartido por las comunidades locales, el gobierno de la provincia de Córdoba, la Administración de Parques Nacionales, el Ministerio de Ambiente de Argentina, Aves Argentinas, Fundación Wyss, Natura Internacional Argentina y Re:wild”, haciendo hincapié en la importancia del trabajo en conjunto para alcanzar grandes objetivos.
“Es una excelente oportunidad para que la Cámara de Diputados nos dé una gran noticia para cerrar el año”, señaló Castro, “ya que existe consenso general para la creación de estas áreas protegidas, resta ponerlo en agenda y votarlo, lo que nos dará una buena razón para comenzar el 2022 avanzando en una misión que nos une: la conservación de uno de los humedales más valiosos de Argentina”.

Por Marcela Titarelli

Desde Santa Fe queremos compartir experiencias, sensaciones y vivencias de personas que han tenido la posibilidad de observar ejemplares en libertad. Para tratar de transmitir esos momentos de emoción, invito a los lectores a imaginar que se encuentran en un pastizal inmenso o en un monte abierto de espinillos, quebrachos y algarrobos, también podemos pensar en alguna cañada, arroyo o laguna. Imaginemos que estamos recorriendo alguno de esos ambientes y de repente surge un “fuego” delante de nosotros, ese color anaranjado tan intenso de su pelaje nos sorprende y se destaca en ese paisaje.

Justamente debido a esa coloración es que en algunos lugares se lo llama Doradillo, por otro lado su particular silueta y andar desgarbado le valieron el nombre en algunos lugares de “zorro potrillo”, así como también su tamaño, su pelaje inflado en el dorso y sus vocalizaciones fuertes en la noche, han llevado erróneamente a relacionarlo con la leyenda del Lobizón generando miedos infundados.

El Aguará guazú es el caminante incansable de esos ambientes que imaginamos y que puede sorprender con un salto o lo podemos ver zambulléndose como un delfín, mientras despliega sus habilidades para cazar en ese mar de pastos altos. Muchas veces se lo suele observar concentrado “en sus cosas” o mirando “el más allá”, sin percatarse de la presencia humana que registra el momento a través de una cámara. También ha sido registrado bordeando cursos de agua o zonas inundables. Solitario, de andar pausado y tímido, éste canido no representa peligro para el ganado ni para los seres humanos

Si bien la bibliografía menciona que su mayor actividad se encuentra en horas crepusculares y nocturnas, hemos recibido registros de ejemplares observados en horas del mediodía e incluso primeras horas de la tarde.

(Matías Romano)

En cuanto a su rol ecológico por un lado podemos decir que esta especie es un importante conector de pastizales, humedales y bosques, quedando demostrado el impacto que tienen los paisajes alterados o fragmentados para la supervivencia de la fauna asociada a esos ambientes. Y por otro lado, en cuanto a su dieta es un gran dispersor de semillas y es el depredador más importante después del puma.

Gracias a los registros aportados por las personas, las encuestas y los relevamientos realizados en la Provincia de Santa Fe, podemos decir que la principal amenaza para esta y muchas especies de nuestra fauna, es la alteración del paisaje, lo que lleva a que muchos ejemplares mueran por atropellamientos en rutas o se acerquen a los ejidos urbanos o semiurbanos y sean atacados por perros o exponerse a las enfermedades de los animales domésticos, además de fenómenos climáticos extremos (sequías e inundaciones).

Especialmente gracias la difusión y a la tecnología recibimos una gran cantidad de registros de ejemplares muertos por colisiones en nuestras rutas y en contraposición, también recibimos muchos registros de avistajes.

En el año 2003 esta especie fue declarada Monumento Natural Provincial (Ley 12182) y luego en el año 2009 se publica el Plan de Conservación (Versión 1) que incluye un Protocolo de Acción para el Rescate de ejemplares y Recopilación de información y es en este sentido, que difundimos a través de las Fuerzas de Seguridad, Municipios y Comunas las formas de actuar frente a un encuentro con algún individuo. De esta forma, diferenciamos los casos que ameritan una intervención desde el Estado junto a Fuerzas de Seguridad para rescatar algún ejemplar, de aquellos casos que se identifican como avistajes o hallazgos de ejemplares muertos. En cualquiera de los casos, la información que obtenemos la volcamos en una planilla que nos permite evaluar amenazas, distribución, etc. y así poder proponer acciones concretas de conservación.

Cuando recibimos notificación de un ejemplar que por un hecho inusual es hallado en el interior de construcciones urbanas o edificaciones rurales, se procede a ponerlo en resguardo y se evalúa si es factible liberarlo en algún área natural cercana. En el caso de que presente heridas o hay indicios de que ha estado en cautiverio entonces se procede a trasladarlo al centro de Fauna para que sea evaluado por los profesionales veterinarios. Luego de un periodo de cuarentena y rehabilitación, muchos de estos individuos pueden ser liberados.

(Matías Romano)

Siempre recordamos que no hay que intervenir directamente, sino que ante el hallazgo de un individuo en una situación conflictiva o herido, se comuniquen con las fuerzas de seguridad; por el contrario, si se trata de una observación de un animal libre en zona periurbana o rural, simplemente con compartirnos la ubicación, fecha y foto o filmación ya es información muy valiosa.

Es importante destacar que hay una gran comunicación y coordinación con personal de fauna de otras provincias, con instituciones involucradas con la protección de la biodiversidad, con veterinarios/as, biólogos/as, investigadores/as, y demás para compartir información respecto a cómo actuar frente a individuos que necesitan asistencia veterinaria o ser relocalizados en áreas naturales o se realizan consultas de índole veterinaria y es así como se realiza una colaboración entre profesionales y se ven involucradas distintas instituciones en pos de la conservación de esta especie.

En este sentido, y no menos importante, surge la pregunta ¿Qué podemos hacer cada una cada uno para ayudar a proteger esta especie? Y esto obviamente es necesariamente extensivo a toda la fauna y al ecosistema donde habita. Como respuesta creemos que es importante comprender e internalizar que como especie formamos parte de la vida que se desarrolla en nuestro planeta, que es fundamental respetar, proteger y convivir con las formas de vida y la salud de nuestro ambiente. Todas las acciones y actividades que realizamos en las mismas ciudades o comunas, depende como sean ejecutadas, pueden repercutir negativamente sobre los ecosistemas y luego en nuestra salud. Entonces es fundamental mantener o retornar a ecosistemas sanos.

Por Yanina Druetta

Si por un momento miramos hacia el pasado, podremos ver y asegurar que, desde el primer instante en que el humano apareció sobre la faz de la tierra, comenzó a relacionarse de manera estrecha con la naturaleza. Imaginemos esa etapa de la existencia del hombre como una escena de caos donde la vida era un poco dura y peligrosa pero existía una tranquilidad mínima que garantizaba la reproducción de la especie. Estos primeros hombres se adaptaron al medio, aprendieron de él y entendieron cómo aprovechar los recursos que se les proporcionaba sin afectar la autorregulación del ecosistema.

Con el pasar del tiempo, la necesidad de obtener nuevos conocimientos sobre el mundo natural se acrecentó y esa chispa latente de curiosidad hizo que célebres personajes con grandes capacidades de estudio y observación dieran lugar a su espíritu aventurero y se lanzaran por nuevos mundos participando de épicas travesías con el afán de visitar sitios inexplorados y descubrir un sin fin de criaturas y fenómenos nunca antes vistos.Así nace la idea de Naturalismo.

Dos pioneros de esta corriente fueron Charles Darwin y Alexander Von Humboldt. Darwin, luego de transcurrir veintitrés años de su viaje expeditivo a la costa sur de América, publicó “El origen de las especies por medio de la selección natural”, donde introduce la teoría científica de que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como “la selección natural”.

Flamencos australes (Yanina Druetta/Natura International)

Von Humboldt, luego de realizar una ambiciosa expedición científica, también por América, cambió su percepción en cuanto a cómo se relacionaba el mundo y la naturaleza. Humboldt vio al mundo como un gran organismo dentro del cual todos los seres vivos estaban conectados en un delicado equilibrio y fue el primero en estudiar el cambio climático provocado por la acción del hombre.

Hoy analizamos el pasado desde una realidad muy diferente. La sociedad continúa evolucionando, el conocimiento obtenido es abundante y se encuentra al alcance de todos, pero lamentablemente, existe un distanciamiento entre el hombre y la naturaleza que se remonta al comienzo de la era industrial; donde lejos de retroceder en el consumo de materias primas, el daño ocasionado a los bosques, la tierra, el agua, la fauna silvestre y el uso de recursos no renovables de forma indiscriminada se elevó sobremanera.

Esa búsqueda de riquezas que no contempla una forma de producir sustentable y sostenible aplasta cualquier pensamiento ético y conservacionista del ambiente y nos lleva a replantearnos cuál es el rol del naturalista de hoy en día. Mucho conocemos sobre biodiversidad, fenómenos naturales, roles ecológicos, servicios ecosistémicos y muchos otros temas más, pero… ¿Qué es lo que hace que en la actualidad este concepto de ser Naturalista se vuelva más utilizado? ¿Cuál es el objetivo que, quizás, persiguen estas personas que poseen la misma chispa de curiosidad que tenían aquellos antiguos investigadores? Sin dudas, las respuestas a estos interrogantes están íntimamente ligadas a la forma extractivista en que nos comportamos en el planeta.

Bañados del río Dulce (Yanina Druetta/Natura International)

Un Naturalista vive desde muy cerca su amor por la naturaleza, la estudia, forma alianzas con ella, la defiende… y este “modo” muchas veces se activa cada vez que comenzamos a observar con detención todo lo maravilloso que nos rodea, entendiendo por fin, que también formamos parte de ese entorno y necesitamos acercarnos nuevamente a él para poder lograr esa convivencia armoniosa que provoca solo un sinfín de beneficios para ambos.

Un naturalista moderno probablemente no sea un fiel reflejo de aquellos pioneros de tiempos antiguos que querían solo descubrir y comprender. Un naturalista moderno, más allá de desear aprender para entender, está convencido que la curiosidad y la pasión por la naturaleza son la herramienta fundamental que puede inspirar a toda una sociedad a querer cambiar su relación con el medio natural, haciendo que las personas se interesen por él y se involucren en su cuidado.

Muchas veces creo que, ser naturalista, significa también, ser ese puente que conecta y trata de concientizar sobre la necesidad de encontrar el justo equilibrio entre desarrollo y conservación que nos permita a todos dejar huellas verdes en nuestro viaje por la vida.

 

Por Alejandro Briones

Para mejorar la calidad de vida y la economía de las comunidades que viven en las áreas protegidas, sin perjudicar el ecosistema, es de suma importancia la diversificación productiva. Esto se logra incentivando, fortaleciendo y potenciando todas aquellas actividades que allí se desarrollan, adaptándolas a pautas de manejo que garanticen la sostenibilidad ambiental, económica y social.

Para identificar las diferentes actividades que se pueden fortalecer en un territorio, en una primera instancia se debe efectuar un diagnóstico socioambiental que se focalice en el uso de los recursos naturales: la manera en que los obtienen, la historia de ese aprovechamiento, el destino (si lo usan para autoconsumo o para la venta), la organización social, los obstáculos o conflictos, entre otros análisis.

(CeDRUS)

El diagnóstico permite conocer el contexto, los antecedentes de las intervenciones técnicas, así como abordar el trabajo social conjunto que se despliega: en esta instancia es clave la relación que se genera entre los técnicos/as y los pobladores. Esta relación se construye a través de entrevistas individuales y grupales, talleres en donde los pobladores sean los protagonistas (en definitiva, son ellos quienes conservarán o no el territorio) y donde los técnicos o técnicas sólo actúan como facilitadores.

Durante estos encuentros, es posible elaborar en conjunto mapas de relación comunidad-naturaleza, comunidad-mercados, comunidad-modos de vida, entre otras dinámicas grupales. Otra técnica que complementa los talleres o las entrevistas es la observación participante: poder convivir con las comunidades y observar el día a día acompañándolas en sus actividades diarias nos da la posibilidad de percibir otras relaciones entre los pobladores y la naturaleza.

Si tomamos como ejemplo actividades productivas llevadas a cabo por pobladores de diferentes áreas protegidas o potenciales áreas a proteger, encontramos en común algunas de las siguientes prácticas que adoptando un buen manejo son compatibles con la conservación del ambiente:

  • Ganadería: El problema de esta actividad es que generalmente se realiza sin ninguna planificación ni estrategia de venta. Tienen el ganado como capital y lo venden cuando necesitan el dinero y/o para autoconsumo. Como consecuencia de esto, la tierra presenta una alta carga animal, con el consecuente sobrepastoreo y degradación del sistema, en muchos casos, son individuos viejos que no pueden vender porque el mercado no consume. En este aspecto es importante poder trabajar en conjunto para elaborar un plan de manejo, un análisis del mercado y fortalecer la cadena de comercialización.

    Es muy importante, primero, efectuar un estudio sobre la capacidad de carga de ese territorio para definir la cantidad de ganado máximo que puede soportar esa área sin afectar los atributos del ecosistema y a partir de eso evaluar las mejores estrategias. Realizando una buena planificación, un buen sistema de rotación del ganado, entre otras buenas prácticas, se pueden conservar los ecosistemas integrando la ganadería. En este sentido, la principal demanda del mercado son los terneros, esto es favorable, ya que se los vende a los pocos meses del destete evitando que estos individuos pastoreen en el sistema.

(Alejandro Briones)

  • Actividades asociadas a la ganadería: Por otro lado, de la actividad ganadera se desprenden diversas producciones complementarias que se pueden potenciar para una eventual disminución de la carga animal y mejora en la economía familiar. Entre las que encontramos artesanías en cuero (lazos, monturas, instrumentos, entre otros) y producción de quesos. Estas actividades se podrían fortalecer principalmente con capacitaciones en empaquetado y venta, búsqueda de mercados estables, marketing, etc. Además, se pueden complementar con capacitaciones en manipulación de alimentos, búsqueda de certificaciones de sustentabilidad, entre otras posibilidades.
  • Apicultura: A esta actividad la desarrollan muchas comunidades, principalmente para autoconsumo y sin ningún manejo. Básicamente salen a recolectar la miel de las colmenas instaladas en los huecos de algunos árboles. Muchas veces, los apicultores deben cortar el árbol para poder extraerla. En este sentido, se puede mejorar con capacitaciones, instalaciones de cajones, sala de extracción, y otras acciones.También es muy importante la venta y el empaquetado de la miel ya que por lo general se vende en envases (botellas y/o frascos) usados sin su correcta esterilización, lo que implica una disminución del precio y una baja en la calidad del producto. Además, si se implementa un buen manejo se pueden obtener subproductos con mayor precio que la miel, como ser el propóleo, el polen y la cera. Con esta actividad también se mejora la polinización y por ende la producción de frutos que pueda estar asociada al sistema.
  • Turismo: Esta es de las principales actividades sustentables que se asocia a las áreas protegidas y hay mucha información al respecto. En este sentido, conviene incentivar no sólo el ecoturismo o el senderismo, sino también el turismo rural o turismo comunitario, en donde el visitante se relaciona con las comunidades, aprende y se involucra en sus formas de vida. Esto es fundamental para revalorizar la cultura de los pobladores que habitan las áreas protegidas.Otra estrategia es desarrollar el turismo de investigación. Hay muchos investigadores de distintas partes del mundo que se dedican a estudiar determinadas especies que se podrían encontrar dentro del área protegida y podrían dejar un canon o pagar a las comunidades a cambio de alojamiento, comida u otros servicios.

(Alejandro Briones)

  • Frutos del bosque: Existen diversas especies nativas de las cuales los frutos son comestibles. Lamentablemente, por una cuestión de marketing, nos han acostumbrado a las frutas exóticas, dejando de lado nuestros frutos autóctonos. Más allá del consumo directo de los frutos también hay derivados interesantes, como la harina de algarrobo, el arrope de chañar, el dulce de sauco, entre muchas otras. En este aspecto se pueden buscar las formas de abrir nuevos mercados y posicionar estos productos. Además existen muchas especies forrajeras. Por ejemplo, las comunidades del Chaco recolectan los frutos del algarrobo y lo almacenan para alimentar al ganado en épocas críticas. En este sentido, se puede pensar en la restauración con estas especies nativas, ya que el algarrobo fue históricamente cortado para madera y lo sigue siendo. Es una especie clave en diversos ecosistemas y se la asocia mucho con las riveras de las aguadas.
  • Madera: El aprovechamiento de madera para leña, postes para alambrado o cercos, o construcción de casas, es una actividad que si no se efectúa bajo un correcto manejo y control puede facilitar la degradación del área. Para que sea una actividad sustentable, es indispensable realizar un inventario forestal y un mapeo que nos permita conocer la estructura del bosque en su conjunto, de cada especie en particular y la distribución de las mismas. A partir de esto, se puede planificar cuántos individuos se pueden cortar anualmente de cada especie para no afectar los atributos del bosque, establecer los sitios en donde se puede extraer año a año, promover el uso de madera muerta, entre otras prácticas que garanticen la supervivencia del bosque a perpetuidad.

(Alejandro Briones)

  • Plantas medicinales: Casi todos nuestros ecosistemas cuentan con plantas medicinales de las cuales las comunidades hacen, o por lo menos hacían, uso de ellas. Muchas comunidades plantean la necesidad de que no se pierda esa costumbre y de poder registrar en cartillas o algún tipo de material para que se conserve ese conocimiento para las generaciones futuras. Asimismo, algunos pobladores llevan estas plantas a los mercados centrales y las venden en pequeñas bolsitas o puñados. Siguiendo esta línea, una buena acción es agregarle valor a las plantas medicinales empaquetándolas, registrándolas, o haciendo investigaciones sobre los componentes específicos de las plantas relacionando el conocimiento ancestral con el científico para lograr potenciar su uso y por ende su mercado.
  • Artesanías en madera, fibras de plantas autóctonas y cueros: es común entre los habitantes de las áreas protegidas realizar artesanías con diferentes materiales de la zona, éstas en todos los casos se efectúan de una manera artesanal sin perjudicar el ecosistema, por lo que es otra actividad muy factible de potenciar y generar mercado, como una manera de incorporar capital al sistema económico del territorio.

(Alejandro Briones)

  • Agroecología: La mayoría de las familias de las zonas rurales tienen su huerto y/o chacra o la
    han tenido en algún momento y, por diversas razones, la han abandonado. A la mayoría se las ha alejado de sus formas tradicionales de producción, incentivándolos a realizar nuevas prácticas en donde se incorpora el uso de fertilizantes químicos, insecticidas y otros compuestos que perjudican la tierra y generan dependencia de estos productos. Para resolverlo, es importante concientizar sobre la agricultura agroecológica, y poder lograr algún tipo de certificación orgánica, entre otras estrategias.

Las actividades que se pueden potenciar y/o fortalecer en un área específica conservando los servicios ecosistémicos, son diversas, y muchas se relacionan directa o indirectamente entre ellas. El correcto manejo y/o aprovechamiento es clave para garantizar la sustentabilidad del territorio.

Diversificar las producciones y/o servicios permite entre otras cosas, mejorar las economías familiares y la calidad de vida de las mismas, disminuir los riesgos ante cambios en el mercado, adaptarse a las condiciones biofísicas locales, hacer un uso eficiente de los recursos localmente disponibles, evitar la degradación de la tierra en algunos casos con la consecuente desertificación, disminuir el impacto en el ambiente e incluso mejorar el ecosistema. En conclusión, es una estrategia que garantiza la adaptación y la resiliencia de las comunidades ante los cambios climáticos y del mercado y garantiza la sostenibilidad ambiental, social y económica de un territorio.

Por Biól.  Agustina Di Pauli

Hoy más que nunca está claro que se vive en una distopía. Todos los días miles de hectáreas de bosques se deforestan y se incendian, el agua y el aire están cada vez más contaminados, pueblos enteros se ven obligados a migrar por los estragos que causan las mineras y por el avance de la frontera agrícola, los niños mueren por falta de acceso al agua potable, las especies desaparecen.

La fragmentación y simplificación de los ecosistemas aumentan la propagación de patógenos y crece el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas, como la del virus COVID-19 que sumó el flagelo de la pandemia. ¿Quizás la primera de muchas que vendrán? ¿Cuántas más harán falta para reaccionar frente a los desafíos globales que manifiesta la naturaleza tan claramente?

No hay más tiempo, temas como la crisis ambiental, el derecho a un ambiente sano y la soberanía alimentaria merecen una discusión estructural. Urge adoptar un abordaje integral de la gestión de la conservación y abandonar modelos obsoletos, probar nuevos enfoques y ser creativos para estar a la altura de los cambios globales.

Desde siempre existió la dualidad entre producir y conservar, hoy el desafío está en generar nuevos paradigmas integrales, donde producir no implique seguir perdiendo ecosistemas, ni conservar implique dejar afuera a la gente.
Entre las ideas que aún imperan, está la de que el desarrollo de las sociedades sólo es posible a través de modelos extractivistas y de corto plazo; y que preservar los ecosistemas es un capricho de una elite conservacionista con privilegios. Entonces, si hay pobres se intenta crecer a cualquier costo para darles algo, en lugar de distribuir lo mucho que ya tienen unos pocos. El tiempo ha corroborado que estos modelos donde se favorece el crecimiento exponencial, solo generan más pobreza y que la crisis ambiental no hace otra cosa que profundizar las desigualdades sociales preexistentes.

La puesta en práctica de alternativas sostenibles y sustentables en los procesos de producción probablemente lleva un poco más de tiempo que los modelos tradicionales, pero proyectan un impacto más beneficioso a largo plazo y no sólo para unos pocos. Esto último es lo que realmente hace la diferencia, generan equidad y en consecuencia, sociedades más prósperas.

Una de las herramientas fundamentales como estrategia para reaccionar frente a los desafíos de conservación de la vida silvestre, reducción de la pobreza, mitigación y adaptación al cambio climático, son las áreas protegidas (AP). Pero sucede que cuando se habla de AP, automáticamente se piensa en verdaderos jardines del Edén donde todo está intacto y es intangible, lugares sin gente donde la presencia humana está prohibida o es perjudicial. Algo bastante alejado del real uso de la tierra en el planeta y la forma de habitarlo.

En principio es necesario volver a conectar con el sentido original de las AP como fuentes de biodiversidad natural, pero también como importantísimos sitios de valor social, cultural y económico; sitios modelo para la investigación y la generación de conocimiento; espacios ideales para realizar educación ambiental; zonas de amortiguamiento y regulación; fuentes de servicios ecosistémicos; lugares de entretenimiento y aprecio; las potencialidades son infinitas. Viéndolo de otra forma, sin AP, la temperatura del planeta sería aún más caliente y se habrían perdido miles de especies.

Luego se precisa repensar la relación entre las AP y la sociedad donde, más allá de los investigadores, técnicos y divulgadores, sean las comunidades locales las que se beneficien de la conservación de la naturaleza. De esta manera, los objetivos de conservación de la biodiversidad se verán favorecidos de manera casi espontánea.

Manejadas adecuadamente, las AP pueden financiarse a sí mismas y aún mejor, ser motores de desarrollo local debido a que generan economías basadas en el turismo. Entonces, las AP constituyen espacios reales de planificación, donde se pueden generar diálogos constructivos con gobiernos, pueblos originarios, habitantes locales, universidades y municipios, con el objetivo de lograr verdaderas políticas de inclusión social, conservación y sostenibilidad a través de procesos participativos legítimos. Para lograr esta ambiciosa meta, se debe exigir el fortalecimiento de todas aquellas estrategias que brinden oportunidades reales de protección del ambiente, acompañadas de actividades que permitan un desarrollo local más integral, sustentable y armónico con el entorno.

Sin caer en la ingenuidad o la utopía, se sabe de la cadena de complicidad y corrupción que permite el saqueo y también se sabe que pretender cambiar esto es particularmente difícil en América Latina y el Caribe, lugares donde abundan los asesinatos a líderes socioambientales. Siendo así, la opción es moverse en bloque, como pueblo. Pero para que eso suceda, la sociedad que hoy acompaña involuntariamente las crisis, debe pasar a ser también parte de la lucha; y esto es posible mejorando la participación de las comunidades locales en el manejo de las AP e implementando proyectos económicos que brinden las propuestas técnicas necesarias que les permitan a los productores llevar adelante actividades sostenibles y a las comunidades originarias crear sus propios bionegocios.

Esto último es otro de los temas esenciales al hablar de conservación: la importancia de los pueblos originarios. Cada vez hay más evidencia de que los conocimientos ancestrales y las técnicas tradicionales sostenibles que aún conservan muchas comunidades, contribuyen a la protección de la diversidad biológica y cultural. Desde su concepción, las comunidades originarias vienen preservando ciertos territorios como “sitios sagrados” donde no se debe cazar para permitir la reproducción de los animales y respetar sus ciclos naturales. De cierta manera, estos sitios representan puntos calientes de biodiversidad o “hotspot”, donde las propias comunidades ocupan el rol de guardianes de sus territorios comunitarios y, de esta forma, podrían pensarse como pequeñas AP intrínsecas a una cosmovisión.

Un estudio de 2019 de Science Advances, realizado en más de 600 AP de 34 países, evidenció cómo las AP proporcionan beneficios económicos y sanitarios a las poblaciones adyacentes, sobre todo impactan en la salud de los niños. Los resultados mostraron que el turismo implicó beneficios directos en la generación de empleo, mejor infraestructura y mayor presencia institucional en la zona; especialmente en las AP que presentaban zonas destinadas a los usos múltiples, ya que permitían el acceso sostenible a los recursos naturales. Sumado a que la salud ambiental en estas áreas, se tradujo en una mejor calidad del agua y del aire, en una mayor provisión de servicios ecosistémicos y funcionaron como importantes zonas de amortiguamiento de inundaciones.

Existen pruebas contundentes que sugieren que invertir en la creación de AP y en el turismo de naturaleza aporta beneficios reales a las comunidades locales. Un ejemplo de esto en Argentina es el del Proyecto Iberá en la provincia de Corrientes, donde una de las transformaciones más impactantes fue la de algunos cazadores que abandonaron esa costumbre y actualmente son guardaparques del AP. Iberá es un ejemplo claro de que no importa cuánto tiempo tome lograr hacerlo bien, vale la pena aprender con la práctica.