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En el extremo norte de la laguna Mar Chiquita, las comunidades de Los Porongos, El Huaico y Limache conviven en más de un millón de hectáreas de agua, sal y vida silvestre. Entre casas de barro, aves migratorias y saberes ancestrales, se escribe una historia de resiliencia, hospitalidad y conservación comunitaria. 

Durante 2025 Natura Argentina llevó adelante un proyecto para el  fortalecimiento social basado en el Diálogo de Saberes. Este enfoque reconoce que tanto el conocimiento científico como el saber local ancestral son fundamentales para la conservación efectiva. Con este proceso comunitario, los pobladores de Los Porongos compartieron y pusieron en valor los Saberes Vivos que definen su relación con el territorio, esenciales para la supervivencia y el manejo sostenible de los recursos. Así, descubrimos que hay saberes que pasan de generación en generación, como el trabajo con la lana o el arte de construir hogares de barro, todo en profunda comunión con el ambiente.  

Un saber vivo es un conocimiento que se crea y se recrea en el presente. Nace del encuentro entre la experiencia cotidiana y la memoria colectiva, y se transforma con cada práctica, cada paisaje y cada conversación. En Natura Argentina, lo entendemos como un puente: un diálogo entre el saber local y la ciencia, donde cada mirada enriquece a la otra y nos ayuda a cuidar mejor los territorios que compartimos. Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

 

El valor del agua

En este vasto territorio,  el acopio de agua de lluvia en cada casa teniendo en cuenta los períodos de abundancia y escasez de este vital recurso, señalan el conocimiento de los pulsos de naturaleza pero también su aprovechamiento sostenible y una menor dependencia del agua del río.

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.


Los silenciosos mamíferos

Con cámaras trampa, colocadas siempre con permiso de las familias, se registró fauna local. Entre las sorpresas apareció el zorro de monte, una especie que no suele verse con facilidad. 

Aves del humedal

La guía y acompañamiento de la comunidad, junto con los conocimientos técnicos del equipo y los censos liderados por el fotógrafo de naturaleza y técnico en turismo Ramiro Ramirez fueron clave para obtener el sorprendente resultado de que en este lugar es posible observar el 47% de las aves registradas en Santiago del Estero.

La escuela como centro de todo

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

En Los Porongos, la escuela rural es muchísimo más que un espacio de clases. Es el punto de reunión de la comunidad y, muchas veces, el lugar donde pasa todo. Niños de distintas edades comparten el aula y la vida cotidiana, y los proyectos se construyen entre todos.

En ese espacio se hizo un mural colectivo inspirado en la fauna y en la laguna cercana. Quedó grabado en una de las paredes, como una especie de recordatorio de que la escuela también forma parte del paisaje.

Vivir, trabajar y ser parte del territorio

Es muy desafiante trabajar en esta región: el calor extremo, el viento salino, la falta de agua en ciertos momentos del año. Pero al llegar a cada casa, las familias reciben al equipo con una amabilidad que desarma cualquier dificultad. Mate, conversación, tortas asadas, tiempo compartido: todo eso construye un vínculo que facilita el trabajo y permite entender mejor cómo se vive en un humedal como este.

Foto: Mateo Lona para Natura Argentina.

El trabajo en Los Porongos es fundamental, ya que los Bañados del Río Dulce tienen un valor de conservación crítico al retener y almacenar agua dulce, esencial para la vida silvestre, consumo humano y producción. Además, los Bañados, cumplen un rol importante y a gran escala ante el calentamiento global, el cambio climático y la degradación del hábitat.

 

 

Un proceso que sigue en movimiento

El trabajo en Los Porongos no se cierra con un taller ni con un viaje. Cada visita abre nuevas preguntas y nuevas formas de colaboración. De la misma manera en que los humedales guardan agua para que la vida siga, la comunidad guarda historias y saberes que ayudan a pensar cómo cuidar el territorio a futuro.

Este proceso es eso: un camino compartido, que se construye de a poco, con escucha y con respeto. Y mientras el diálogo siga abierto, la conservación también tiene futuro.