Cuidar nuestros paisajes, abrazar a nuestra gente: parte de nuestra Naturaleza Argentina.
Ansenuza
Hay lugares que parecen infinitos. En Ansenuza, el horizonte se mezcla con el agua y el cielo, mientras miles de flamencos tiñen de rosa una de las mayores lagunas saladas de Sudamérica. Este humedal es un tesoro de aves y biodiversidad: resguarda memorias, oficios y formas de habitar el paisaje que existen desde hace generaciones.
Bañados del Río Dulce
En los Bañados del Río Dulce, la vida depende del agua y de los saberes que pasan de generación en generación. Entre humedales, montes y caminos de tierra, las familias sostienen una cultura profundamente ligada al paisaje.
Sierras de Ambato
Un mosaico para proteger el agua y la vida. En las Sierras de Ambato, complejos sistemas de monte y yunga resguardan el agua que sostiene la vida en regiones semiáridas del noroeste argentino. Aquí, conservar significa construir acuerdos entre comunidades.
Sierras de Famatina
Las Sierras de Famatina emergen en el oeste riojano como una gran torre de agua en medio del desierto. Allí, entre glaciares, vegas altoandinas y senderos ancestrales, la naturaleza florece y provee de agua a más de un millón de personas ladera abajo.
Futuro Parque Nacional Uspallata
En Uspallata, el viento atraviesa montañas inmensas y antiguos caminos andinos. Este territorio vio gestarse la historia de la independencia latinoamericana; además, resguarda una biodiversidad adaptada a sobrevivir en condiciones extremas.